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viernes, 7 de octubre de 2005

La magia del sufrimiento

Por Ricardihnno.

Cuando uno va a correr una carrera de 100 kms por primera vez no sabe que es lo que va a hacer, esta ilusionado, curioso, imaginativo, algunos plantean la carrera de una forma positiva o negativa. Luego algunos acabarán y otros no. Pero aquellos que finalizen los 100 kms comprenderán el verdadero significado de la palabra sufrimiento, cansancio o dolor. Por ello, los que acaban sentirán una sensación tremenda, cuando acabas no importa que estés medio muerto por que aquel dia tus sensaciones y emociones están más vivas que muertas.

No hay duda de que un 100 son muchos kms, quizás demasiados para el cuerpo humano. Las piernas descubren el dolor como nunca uno puede imaginar, ese dolor se empieza a intuir a los 60 o 70 kms, los demás kms son miles de preguntas dentro de un mundo infernal llamado desesperación, desesperados por acabar, desesperados porque aquel km sea el último, desesperados por que aquellas doloridas piernas te permitan recorrer otro km más, y otro más...

Y entonces ¿Que hacemos nosotros allí? Algunos nos llaman ultrafondistas, algunos simplemente corredores, otros nos llaman heroes, todos nos describen como auténticos locos de este deporte que es el correr. Yo simplemente creo somos atletas que acostumbramos el sufrimiento como parte de la carrera, como parte de nuestro cuerpo, como parte de nuestro pensamiento. En un 100 no hay rivales, los rivales son los 100 kms y las múltiples formas en que se representa el sufrimiento... calambres, cansancio, mareos, complementos de nuestros cuerpos por un día pero enemigos de nuestras vidas.

Pero respondiendo a nuestra pregunta diré que la satisfacción tras acabar una carrera de 100 kms, es lo más grande que un deportista puede sentir, olvidando clasificaciones o registros. Por eso hoy, no hablaré de mis 7 h. 17 m. 50 s. en Santa Cruz de Bezana ni de mi 5º posición en dicha carrera. No hablaré de mi repetido error de planteamiento, ni de los movimientos en carrera, ni del circuito, del tiempo ni del lugar. Simplemente quiero hablar de esta nueva balanza. El dolor y sufrimiento durante la carrera en un lado de la bañanza y la satisfacción de acabar en el otro lado.

Mi balanza es hace tiempo que siempre tiene más peso en un lado que en el otro, entiendo el sufrimeinto como un compañero, como algo normal, acostumbrado creo que es todo mental, todo solucionable mentalmente. Es como quemarse y sentir el dolor más grande de tu vida, pero retener el dolor pensando en todo lo contrario a ese dolor: algo feliz ¿quizás? y en aquel momento lo más feliz es la meta. Por lo tanto, mientras corres sufriendo como nunca sólo hay que pensar en la meta y en que vas a llegar a ella. No importa como lo hagas, como llegues, como estés, cuando lo hagas, ni siquiera importa quien va delante o detrás.

Y llegas a esa meta, tras recorrer esos 100 kms, pueden parecer muchos, pero cuando acabas tus piernas están tan acostumbradas al sufrimiento, descubres que aun puedes dar un paso más, que aun puedes correr un poco más, que aun puedes hacer muchos más kms. Y ahí nuestra satisfacción, la satisfacción de todos esos locos acostumbrados que acabamos un 100. Descubrimos que somos valientes pero creemos que podemos ser lo más. Pero, ¿cuanto más?

Y esas piernas doloridas, esos músculos y huesos cansados, esas ampollas, esas rampas musculares, esos mareos, esas preguntas sin respuesta, esa hambre foraz, ese sufrido cuerpo te da las gracias cuando llegas a la meta de un 100, te las da por que sencillamente le quitas de golpe esos malos adjetivos que nos acompañaban durante la prueba. Y las gracias aparecen en forma de felicidad, de éxtasis final, al que nunca me he acostumbrado, son ganas de llorar de felicidad, de abrazar a todo el mundo, conocidos o desconocidos, de mirar esa gente que te llamo loco pero te ven feliz como nunca. Por que no creo que haya ninguna persona más feliz en acabar una prueba, que aquel que acaba una carrera de 100 kms.

Felicidades sufridores.