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viernes, 24 de diciembre de 2010

¿Nos conformaremos con ser campeones de segunda?

Ayer regresé de Chile luego de una visita de una semana donde tuve la fortuna de compartir con prominentes intelectuales y tomadores de decisiones de ese país. Cualquiera que recorre Santiago y sus alrededores se maravilla por el nivel de desarrollo que ha alcanzado Chile. Es por mucho el país más moderno y próspero de América Latina. Sin embargo, lo que encontré más sorprendente fue la actitud de los chilenos hacia su nivel de desarrollo: no se dan por satisfechos, quieren más. Prueba de ello es la principal meta del gobierno de Sebastián Piñera de enrumbar a Chile en un ritmo de crecimiento anual del 6% en la próxima década que lo deje en el 2020 como el primer país desarrollado de América Latina, con un nivel de ingreso per cápita similar al que tienen actualmente Portugal y Grecia. Ya los chilenos se dejaron de comparar con América Latina, y ahora se tratan de dar de tú a tú con los países desarrollados de la OECD.

Me resulta imposible no comparar esta actitud de los chilenos con la que predomina en amplios sectores de Costa Rica, donde el conformismo por ser los primeros en Centroamérica parece muchas veces ser la norma. Estamos satisfechos con ser los campeones de segunda división. Dos artículos recientes publicados en La Nación exponen esta cruda realidad: “El país que se durmió siendo el más feliz del mundo” del politólogo Daniel Calvo y “Latinoamérica avanza, Costa Rica en reversa” del ex embajador Jaime Daremblum. Los datos no mienten: Costa Rica se ha dormido en sus laureles y se está quedando rezagada en muchas áreas. Veamos tan solo algunos ejemplos:

- En facilidad de hacer negocios, Costa Rica se ubica en la posición 125 de 183 países de acuerdo al Banco Mundial.

- En materia de competitividad, nuestro país está de 56 entre 136 países según el último Reporte de Competitividad Global, sin embargo, cuando se analiza únicamente el ambiente macroeconómico, este reporte nos delega a la posición 108.

- En infraestructura portuaria, el informe del World Economic Forum nos coloca en la posición 132 de 136 países. Es decir, solo hay 4 naciones en el mundo con peores puertos que los costarricenses.

- En materia tecnológica y de telecomunicaciones, Costa Rica se encuentra en la última posición de América Latina según el más reciente Índice Tecnológico Latinoamericano publicado por el Latin Business Chronicle.

- El porcentaje de familias bajo la línea de pobreza ha permanecido estable en las últimas dos décadas, e incluso ha habido cierto retroceso en este indicador en los últimos dos años.

- Ya ni siquiera podemos presumir con ser el país más desarrollado de Centroamérica. Desde el 2004 Panamá supera en ingreso per cápita a Costa Rica, y desde entonces la brecha entre ambos países se ha venido ensanchando.

Este último punto es importante recalcarlo. Conforme pasa el tiempo y continuamos dormidos en nuestros laureles, se hace cada vez más difícil alcanzar la meta de llegar a ser una nación desarrollada. Por ejemplo, si el PIB per cápita costarricense creciera a un ritmo del 6% anual, nos tomaría 13 años en alcanzar el nivel actual de Portugal, el país menos próspero de Europa Occidental. Sin embargo el crecimiento del ingreso nacional per cápita ha promediado únicamente un 2% en la última década. A este ritmo nos tomaría 38 años en alcanzar el desarrollo actual de Portugal (ni qué decir de otros países más ricos).

El secreto para hacer de Costa Rica un país desarrollado es tener un alto crecimiento económico. Pero la clase gobernante ha optado por la redistribución de la riqueza y el asistencialismo social. El país cuenta con uno de los gastos sociales más altos de América Latina, y no solo la pobreza no disminuye, sino que también la desigualdad va en aumento. Y si algo se puede concluir del primer plan nacional de desarrollo de la administración Chinchilla, es que continuaremos por el mismo camino los próximos 4 años: más programas sociales, más gasto público y, por supuesto, más impuestos. Chile en cambio apostó al crecimiento económico y ha visto su nivel de pobreza caer del 40% en 1990 al 15% actual. Mientras Costa Rica opta por distribuir la riqueza (y lo hace mal), Chile la crea.

La interrogante es si estamos contentos con nuestra realidad. ¿Queremos ser un país desarrollado en una generación o seguiremos conformándonos con ser los campeones de segunda división (y ya ni eso)? La respuesta la tenemos sólo nosotros.