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lunes, 21 de noviembre de 2011

N'sea Maje...

Por Abel Pacheco

Hace mucho tiempo un golfiteño me dijo que la palabra maje derivaba de un gringo rubicundo y de pocas luces, llamado Mr. Mahe, capaz de enredar la planilla más simple desde su cargo de “time keeper” en “Mamita Yunai”.

Conozco por aquellos hermosos lares a mucha gente y pregunté tratando de confirmar la historia sin resultado alguno, no era cierto. Pero sí es verdad el uso frecuente de tal vocablo en México, donde se originó por cierto con feas connotaciones racistas al principio, pues el Diccionario Mexicano lo consignó como: “Nombre que se le da vulgarmente al indio en lugares del interior”.

Dichosamente en el suplemento la palabra pierde su inicial significado discriminatorio, y ya la define como equivalente de tonto y nada más. Así pues, como tantísimos otros vocablos de la parlatica nació en aquella nación hermana y viajó istmo abajo vía el excelente cine por allá realizado en las décadas de los cuarenta y cincuenta.

También las canciones fueron vehículo dichostransportantes, y recuerdo muy bien el corrido “Oye vale” que nos canta: “No se te hace que por maje... Te hicieron guaje”. ¿Se acuerdan? El buen Cantinflas nos lo cantó entre otros.

Nosotros lo adoptamos, pero además le hemos agregado otros significados mediante el sistema aquí usado, bastante original, y según el cual las palabras cambian su significado según la entonación empleada al usarlos. Me han dicho que un fenómeno similar ocurre en el idioma mandarín (?).

Así, yo he oído decir: “Maje, que maje más maje es usted, maje”. En esta frase empleamos cuatro veces la palabrita pero, el primer maje es llamada de atención, como decir oiga; el segundo es equivalente de individuo o persona; el tercero mantiene el original significado de tonto; y con el último solo estamos diciendo amigo o camarada.

Cierto es que los ticos manejamos un tristemente reducido vocabulario. Hemos ido perdiendo la inmensa riqueza del castellano y debemos corregir este defecto. Pero tenemos recursos como el aquí descrito y aumentamos nuestro léxico cambiándole la entonación a las palabras. Hasta el feo pero constante uso de hijo de “p”, es a veces imperdonable insulto y a veces amigable saludo (!). Como se ve, hemos encontrado formas para superar nuestra ignorancia.

No somos tan majes...

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ydiay

Por Abel Pacheco

Curiosa costumbre tenemos los ticos de acortar palabras y sintetizar frases compactándolas y eliminando sílabas.

Así, Desamparados es Desampa, Curridabat es Curri, San José (aquí nos ponemos confiansudos e igualados), es Chepe, o San Ramón es Moncho; el colegio es “el cole”, las universidad es la “u”, el Saprissa es “el Sapri”, etcétera, etcétera.

¿Maña nueva?, no, maña vieja que nos acompaña desde los inicios de nuestra nación, y que hacemos extensiva a frases, oraciones y dichos.

Imagino que alguna vez en el entonces joven Cartago se acostumbraba decir: “¿Hace cuánto tal cosa ha acaecido?”. De ahí, algún perezoso o economizador salivar abuelo la convirtió en “¿Ha cuánto ha?”, para terminar dando origen a nuestro tiquísimo “acuantá”, hasta hace poco vocablo muy común en nuestro campesinado, que terminó significando “hace poco rato”.

Y talvez en la vieja Cubujuquí un piadoso antepasado llamó a una puerta diciendo “¡Ave María purísima de Guadalupe!”, cristianísima forma de llamar que fue ahorrativamente convertida en “¡Guadalupe!” Y terminó siendo el aún presente “¡Upe!”, con el que yo sigo aún tocando puertas provocando extrañeza entre mis nietos.

Puede que allá por los tiempos de la fundación de La Boca del Monte, alguien apurara el fin de un relato exclamando: “¿Y después de ahí que ocurrió?”. La frase se redujo a “¿Y de ahí?”, para continuar siendo despojada de letras y terminar en nuestro hoy utilísimo y ticoidentificante “Ydiai”, o sencillamente en el más sintetizado “Diai”.

Hoy tal palabra, cambiando la entonación puede significar: “¿Y bien?”, “¿Y por fin?”, “¿Y de ahí?”. Hasta la utilizamos como un simple saludo.

Muy en boga estuvo hace unos años y aún se escucha el vocablo “seringa”, proveniente de un chapeado y telescopiado “sería engañarte”.

En parlatica usamos el “adió” para expresar extrañeza sorpresiva sincera o fingida, según nos dice don Arturo Agüero en su diccionario. El maestro Carlos Gagini lo considera apócope de adiós, pero cabe más bien pensar si el término no deriva de la exclamación “¡Ay Dios!”, dada su connotación de extrañeza.

Creo es evidente nuestro espíritu ahorrativo al menos en cuanto a saliva se refiere. Lástima que no actuemos así a la hora de la elaboración y ejecución del presupuesto nacional. Quizá es por eso que a la hora de votar el Plan Fiscal, más de un diputado le dice al gobierno: “¡Seringa!”.