Quake Costa Rica

Humor, Palm, gadgets, Topografía, Geografía y lo que sea...

martes, 3 de enero de 2012

Cabanga

Por Abel Pacheco

Sonora y musical es la palabra cabanga. Que bien traduce con su sonoridad la sensación de dolor punzante, aunque dulzón, que describe. Casi todos recordamos las situaciones cabangueras de la adolescencia, cuando alguna novia nos ordenaba irnos con la música a otra parte (me pasó literalmente, a media serenata). Pero cuando partí hacia el extranjero para estudiar medicina, supe lo que era un verdadero cabangón cataclísmico. Ahí se me opacaron los colores, se me asordaron los sonidos y entré en la manía de comparar todas las cosas con su contraparte en Costa Rica. Si era el aire, no tenía perfume. Si era el agua, me sabía a lágrima. Y así sucesivamente con un verdadero síndrome de abstinencia ante la ausencia del gallo pinto y el café chorreado. Curioso que tal vocablo sea sólo utilizado en Parlatica, pues no hay equivalente exacto en castellano. Los portugueses tienen el término “saudade”, que se aproxima pero no encaja a la perfección para describir ese dolor-hiedra cabangoso que envuelve y marchita alma y sentires. Yo siempre había pensado que su origen arrancaba de un idioma nativo, aquí nacida y criada como el tacaco, pero no... ¡Es palabra africana! Como malanga, mondongo, marimba y sepa Dios cuántos trisílabos armónicos. Frecuente es su uso entre las tribus del Africa del Sur, donde además es utilizado como nombre propio por las muchachas de por allá. Entendible que sea vocablo de tal origen pues, ¿Quienes en la historia podrían entender mejor ese tipo de dolor, de ausencia, de desarraigo que los africanos negros? Por siglos y más siglos los árabes, los ingleses, los holandeses, los españoles, los portugueses y otros pueblos “civilizados” los capturaron, encadenaron y transportaron como esclavos a tierras lejanas para siempre. Perdieron familia, patria, costumbres, dioses, lengua, libertad y esperanza. Ha sido quizá el peor crimen de la humanidad, porque al menos nuestros abuelos aborígenes murieron humillados pero en su tierra. Claro está que nunca un grupo pudo entender de cabangas más que los negros. Talvez de ahí su ritmo y su amor por la vida.

domingo, 1 de enero de 2012

Carpe Diem

VIVIR de la Sociedad de los poetas muertos. Por Walt Whitman

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes. Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo", dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte. Las experiencias de quienes nos precedieron de nuestros "poetas muertos", te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas....
Vive con intensidad tu vida y no dejes nunca de soñar...