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jueves, 14 de junio de 2012

Entrevista Franklin Chang

Hace menos de un mes lo vimos poniendo en alto la bandera de nuestro país junto a los grandes de la NASA, esos mismos a los que él admiraba siendo niño.

Ese mismo hombre que alcanzó el punto más alto que cualquier astronauta puede soñar, nos mostró su lado humano para confesar que era un muchacho noviero y que le compra la ropa a su esposa de vez en cuando. Tampoco tuvo reparos en contar que es buen chef y que la vanidad no está en su diccionario. Igual que cual quiera va al supermercado, lava los platos y cuando le toca se mete bajo su volkswagen modelo 83 para reparalo. Y sí, leyó bien, el carro del hombre que fabrica uno de los cohetes más avanzados del mundo es un modelo de hace casi 30 años.

¿Cómo era de pequeño?
Tímido y travieso, hacía muchos experimentos, una vez hice un pequeño cohete en la casa y el aparato explotó en la canoa. Recuerdo que mi abuelito me andaba persiguiendo por todo lado.

¿Era muy enamorado?
Sí, era bastante noviero, pues era muy buen atleta. Corría, hacía salto, era un buen deportista y tenía buen pulso con las muchachas.

¿Qué hace cuando quiere entretenerse?
Me entretengo de muchas formas. Me gustan los deportes acuáticos; en Guanacaste disfruto del mar, el buceo y vuelo, me encanta la música clásica, me gusta ver buenas películas de vez en cuando.

¿Cocina?
Bastante bien, con la comida china soy muy bueno. También hago algunos otros enredos, en general el arroz y los frijoles y algo más.

¿Cuándo fue la última vez que fue al cine?
En Boston hace como tres o cuatro semanas, la película que vi, no me acuerdo, no fue muy buena. ¡Ah sí! era “John Carter”, de chiquillo leía a Edgar Rice Burroughs el creador de estas historias sobre Marte y las historietas de Tarzán, yo me la devoré varias veces.

¿Cómo le va con los quehaceres de la casa?
Ah yo tengo que limpiar, sacar la basura, lavar los platos, cocinar...de vez en cuando. Aquí en casa siempre nos compartimos los quehaceres, también tengo que ir al supermercado, comprar los huevos, la leche, la carne, todas esas cosas, pero no soy el único.

¿Su esposa le escoge la ropa?
No, yo compro mi propia ropa y a veces hasta le compro prendas a mi esposa, tengo buen gusto para eso. A veces cuando estoy de viaje en Europa adquiero algo bien bonito. La ropa mía es muy normal, jeans todos los días y una camisa Polo, no me gusta usar corbata porque considero que es un estorbo.

¿Dónde fueron sus últimas vacaciones?
(Risas) No me acuerdo...

¿Ve televisión?
No la veo porque no tengo tiempo. La televisión ya pasó de moda, la tele de casa es pequeñita pero no la vemos, de vez en cuando disfrutamos unos programas de noticias.

¿Cuando algo se daña en la casa usted lo repara?
Sí, de vez en cuando, cuando tengo tiempo. Si hay que arreglar una tubería o algo en la parte eléctrica yo le meto mano a esas cosas.

¿También arregla usted mismo su carro?
El carro mío es un carrito viejo, es un Jetta Volswaven del 83. Es el primero que compré solo con mi propia plata y lo compré nuevecito, ese es el que uso para venir a trabajar. A mi esposa y mis hijas no les gusta que ande en ese carro porque dicen que es peligroso, pero yo creo que es un auto muy bueno, yo lo mantengo muy bien. Cuando me meto debajo del carro me gusta trabajar y jugar con los motores.

¿Hace deporte, dietas?
Las dos cosas. Lo que hago es que veo bien lo que como, mi esposa como médico se asegura de que me cuide y ella y yo caminamos a diario.

¿Es un papá celoso?
No tanto, las chiquillas mías han sido muy buenas, son personas muy responsables, destacadas en sus carreras. Ya soy abuelito, tengo dos que están casadas y estoy contento con esa parte de la familia.

¿Es un esposo detallista?
Soy detallista en todo, con mi esposa tenemos una relación muy bonita, llevamos como 28 años de casados, pero para mí es como que fue ayer, me pegué la lotería con ella.

¿Duerme poco?
Casi nada, me parece que es una pérdida de tiempo, duermo cuatro o tres horas diarias.

¿Qué estaría haciendo si no hubiese sido astronauta?
Estaría tratando de ser astronauta.

¿Cuál sería su retiro ideal?
Si me retiro me muero, porque no entiendo qué es eso. Lo que hago no lo veo como trabajo. No siento como que estoy trabajando, para mí es como que todavía estoy jugando. En algún momento sí me imagino viviendo en una casita en Liberia, sembrar arbolitos y hacer algún proyecto con algún ecosistema en mi casa, pero no considero que voy a retirarme.

¿Es cierto que no era tan buen estudiante?
No era buen estudiante, era mediocre, no era ni el mejor ni el peor, casi todos los años desde el 7° hasta el 9° reprobé una materia. Ya en 10° y 11° fue que me destaqué como estudiante, siempre me costó Estudios Sociales, Español y Matemática, tenía cierta adversión al método de estudio tradicional.

¿A qué se debió el cambio los últimos dos años?
Mi papá siempre fue mi héroe, yo le obedecía ciegamente. Al final de los años, me enderezó de una forma muy especial. Me metieron a trabajar en la carretera Villa Colón-Puriscal con los peones y vivir ahí todo el verano cuando todos los muchachos estaban disfrutando de las vacaciones yo tenía que trabajar. Él quería que me diera cuenta lo importante que era el estudio, tenía 16 años, ya el último año estaba bien alineado.

¿Aplica esa misma disciplina con sus hijas?
Lo aplico no solamente con mis hijas, sino también con mis empleados, porque son personas muy jóvenes.