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martes, 26 de agosto de 2014

Ha habido / han habido

Cuando el verbo haber se emplea para denotar la mera presencia o existencia de personas o cosas, funciona como impersonal y, por lo tanto, se usa solamente en tercera persona del singular (que en el presente de indicativo adopta la forma especial hay: Hay muchos niños en el parque).

En estos casos, el elemento nominal que acompaña al verbo no es el sujeto (los verbos impersonales carecen de sujeto), sino el complemento directo. En consecuencia, es erróneo poner el verbo en plural cuando el elemento nominal se refiere a varias personas o cosas, ya que la concordancia del verbo la determina el sujeto, nunca el complemento directo.

Así, son INCORRECTAS oraciones como

Habían muchas personas en la sala.
Han habido algunas quejas.
Hubieron problemas para entrar al concierto.

Debiendo decirse:

Había muchas personas en la sala.
Ha habido algunas quejas.
Hubo problemas para entrar al concierto.

Fuente R.A.E.

viernes, 8 de agosto de 2014

Cuando un smartwatch se vuelve estúpido

Hace unos días Google presentaba el nuevo sistema operativo para los dispositivos wearables: Android Wear. El mismo día, LG confirmaba su primer wearable con dicho sistema, el LG G Watch. Pero Motorola se llevaba gran parte de las noticias con su nuevo reloj basado en Android Wear: el Moto 360.

Hoy vamos a hablar de otro punto de vista, el punto de vista de una persona que estuvo en Hardvard, fue vicepresidente de Apple y ejecutivo de HP, entre otros trabajos que figuran en su currículum. Don Norman, al que posiblemente muchos no conozcáis, se ha centrado en el diseño y la experiencia de usuario en gran parte de su desarrollo profesional y, como experto, ha contado qué opina de los smartwatches o ‘relojes inteligentes’ y ha buscado analogías con casos de la aviación y la automoción.

Para Don Norman, todo comenzó cuando una empresa para la que trabajaba le pidió que probara el Sony SmartWatch 2, el reloj de Sony. Pronto llegaría una de sus anécdotas destacadas:

Yo estaba profundamente dormido cuando mi reloj empezó a vibrar en mi muñeca. Chrrr, chrrr, chrrr, chrrr -y así continuaba, el tiempo suficiente y lo suficientemente fuerte como para despertarme. Eran las 4:30 de la madrugada.
Miré el reloj (aún aturdido): La batería está casi agotada, decía. Y se apagó.
“Gracias por hacérmelo saber”, dije (aunque con unas palabras diferentes), con el reloj apagado y dejándolo en un rincón, donde aún se encuentra, una semana después. Gracias Sony por tu reloj inteligente.
Don Norman no podía comprender si el reloj era tan inteligente como para llamarlo smartwatch, ¿por qué no avisó a las 9 de la noche de que tenía poca batería y así podría haberlo dejado cargando toda la noche? El reloj ese dato lo tenía constantemente, o incluso podíamos verlo en la pantalla del mismo (pero estaba algo escondido, no en la pantalla principal). Pero si el reloj sabe su nivel de energía y la hora del día, debería ser reprogramado para avisar en el momento adecuado:
Si el reloj fuera una persona, lo enviaría de vuelta para re-entrenarlo.
Para Don Norman, el reloj era realmente estúpido: puede decir la hora, tiene un bonito cronómetro y temporizador, una alarma… Sin embargo la interfaz del reloj está mal diseñada, hasta el punto que para resetearlo necesitamos reiniciarlo:
¿Reiniciar el reloj? Sí. Vivimos en una época excitante.
Si le pedía al reloj mostrar dos zonas horarias, el reloj no podía mostrarlas ambas a la vez por sí mismo. ¿Reloj inteligente? ¡Tenía que conectarse por Bluetooth al teléfono y pedirle la hora en la segunda zona horaria, para después mostrárnosla!

Esta cosa inteligente no podía ni siquiera hacer simples sumas o restas.

Pero hablando de la conexión Bluetooth, considerada la actividad principal del reloj, resulta que cuando el teléfono estaba en el bolsillo de Don Norman el reloj estaba continuamente conectando y desconectándose (¡a menos distancia de un brazo!)
Y los diseñadores de Sony, bendecirlos, pensaron que era importante avisar cada vez que el reloj se conectara o perdiera la conexión. Como resultado mi muñeca estaba siempre vibrando. Una sola vibración fuerte, ya fuera para conectar o perder la conexión. Lo primero, ¿por qué lo necesitaba saber? Lo segundo, si realmente necesitaba saberlo, ¿no sería mejor señalizar mejor si la conexión se estaba ejecutando o rompiendo en lugar de la misma señal para ambos?
En la aviación comercial, los sistemas automatizados inteligentes también son estúpidos para Don Norman, tras haber estudiado varios incidentes, donde la falta de comunicación con el piloto era mortal (literalmente): Algo iba mal en el avión, pero el sistema automático inteligente lo compensaba, sin necesidad de molestar a los pilotos. Pero la cosa se ponía cada vez mejor hasta que la automatización llegaba al límite de sus capacidades de compensación y decía “Ok, me doy por vencido” y dejaba al avión comenzar el accidente. Y ahora era el turno de los pilotos, de averiguar lo que pasó y qué hacer al respecto…

También en la automoción ocurre, pues han rechazado aprender de los errores de la aviación. “Los coches conducirán solos sin ningún accidente. Los humanos monitorizarán la conducción y si hay un problema, simplemente se harán cargo”, dicen los ingenieros de la automoción. ¿Os suena?

En cuanto el coche mantenga su velocidad y la distancia de seguridad con el coche delantero automáticamente (ya ocurre con el control de crucero adaptativo) y mantenga su posición en el carril correctamente (ya ocurre con los sistemas de mantenimiento de carril), ¿qué impedirá a los conductores poner su atención en su música favorita, o ponerse a hablar con otros pasajeros, o mirar el correo electrónico…¿Quién era quien supervisaría la conducción?

En el avión, los pilotos están muy bien entrenados, y tienen varios minutos para responder. Sin embargo, en un coche, cuando surja un problema, los conductores pueden estar mal entrenados y además tan sólo tienen unos segundos para responder. Los diseñadores y los legisladores han ignorado este hecho.
Es la hora de que los diseñadores e ingenieros que trabajan en los mundos automatizados aprendan de toda la experiencia en la historia sobre la interacción humano-sistemas [...] Tenemos muchos dispositivos inteligentes, hechos estúpidamente. Tengo miedo de que las consecuencias serán peor que despertar a la gente a las 4:30 de la madrugada. Poned atención ingenieros, poned atención diseñadores. Poned atención o gente morirá.
Volviendo a los wearables, aquí es donde aún queda un largo recorrido en el desarrollo de los mismos y la interacción hombre-máquina. Hemos visto cómo muchos smartwatches hacían su aparición en los últimos años, pero personalmente el Moto 360 es el primer smartwatch que, al menos, se camufla realmente en un reloj.

Además, cada reloj tenía su propia SDK, haciendo el desarrollo para programadores muy complicado, pues había que rehacer la aplicación para diferentes relojes. Android Wear puede ser el sentido común aquí.

Problemas de diseño y de ingeniería, al fin y al cabo: ¿es más importante una mejora de hardware o usar el sentido común a la hora de desarrollar un producto? Como dijo Don Norman: Poned atención ingenieros, poned atención diseñadores.

Por tanto, es hora de que se busque la forma más inteligente de aprovechar los wearables, ahora que es cuando su expansión parece que va a llegar. Y, desde mi humilde opinión, Android Wear puede contribuir enormemente a ello.

Y me gustaría despedir este artículo con la frase que Don Norman empezó el suyo, invitando a todos a la reflexión:
Cada vez que veas algo etiquetado como inteligente (‘smart’ o ‘intelligent’), debes estar seguro de que en realidad es bastante estúpido.
Vía El Androide Libre 

Vivir y dejar vivir, jugar, ayudar a otros, cuidar la naturaleza, buscar la paz, respetar a los demás y olvidarse rápido de lo negativo son algunos de los diez consejos para alcanzar la felicidad que el papa Francisco dio en una entrevista publicada hoy por una revista argentina.

"Viví y dejá vivir, es el primer paso de la paz y la felicidad", dijo el sumo pontífice en una entrevista con Viva, la revista dominical del diario Clarín. Como parte de este decálogo para la felicidad, Francisco recomendó no dejar de brindarse a los demás pues "si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta" y "el agua estancada es la primera que se corrompe". También aconsejó moverse "remansadamente", término que tomó de un clásico de la literatura argentina.

"En Don Segundo Sombra hay una cosa muy linda, de alguien que relee su vida. Dice que de joven era un arroyo pedregoso que se llevaba por delante todo; que de adulto era un río que andaba adelante y que en la vejez se sentía en movimiento, pero lentamente remansado. Yo utilizaría esta imagen del poeta y novelista Ricardo Güiraldes, ese último adjetivo, remansado. La capacidad de moverse con benevolencia y humildad, el remanso de la vida", sostuvo.

Otra de las claves está en la "sana cultura del ocio", disfrutar de leer, el arte y los juegos con los niños. "Ahora confieso poco, pero en Buenos Aires confesaba mucho y cuando venía una mamá joven le preguntaba: '¿Cuántos hijos tenés? ¿Jugás con tus hijos?' Y era una pregunta que no se esperaba, pero yo le decía que jugar con los chicos es clave, es una cultura sana. Es difícil, los padres se van a trabajar temprano y vuelven a veces cuando sus hijos duermen, es difícil, pero hay que hacerlo", recomendó.

En la misma línea, bregó por los domingos compartidos en familia. "El otro día, en Campobasso, fui a una reunión entre el mundo de la universidad y el mundo obrero, todos reclamaban el domingo no laborable. El domingo es para la familia", afirmó.

Asimismo, aconsejó ayudar en forma creativa a los jóvenes a conseguir un empleo digno. "Hay que ser creativos con esta franja. Si faltan oportunidades, caen en la droga. Y está muy alto el índice de suicidios entre los jóvenes sin trabajo. El otro día leí, pero no me fío porque no es un dato científico, que había 75 millones de jóvenes de 25 años para abajo desocupados. No alcanza con darles de comer: hay que inventarles cursos de un año de plomero, electricista, costurero. La dignidad te la da el llevar el pan a casa", dijo.

También recomendó cuidar la naturaleza y olvidarse pronto de lo malo que afecta la vida. "La necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima, es decir: yo me siento tan abajo que en vez de subir, bajo al otro. Olvidarse rápido de lo negativo es sano", dijo.

Asimismo, invitó a dejar de lado el proselitismo religioso para contagiar la fe desde un diálogo que no se impone. "Podemos inquietar al otro desde el testimonio, para que ambos progresen en esa comunicación, pero lo peor que puede haber es el proselitismo religioso, que paraliza: 'Yo dialogo contigo para convencerte', no. Cada uno dialoga desde su identidad. La Iglesia crece por atracción, no por proselitismo", aseguró.

Su último consejo fue el de buscar activamente la paz. "Estamos viviendo en una época de mucha guerra. En África parecen guerras tribales, pero son algo más. La guerra destruye. Y el clamor por la paz hay que gritarlo. La paz a veces da la idea de quietud, pero nunca es quietud, siempre es una paz activa", aseguró.

El Papa dijo que su nominación al Nobel de la Paz no forma parte de su "agenda". "Nunca acepté doctorados y esas cosas que ofrecen, sin despreciar. Ni se me ocurre pensar en eso, y menos voy a pensar qué haría con esa plata, con toda franqueza. Pero evidentemente, prescindiendo de un premio o no premio, creo que todos tienen que estar comprometidos con el asunto de la paz, hacer todo lo que uno puede, lo que puedo hacer yo desde acá. La paz es el lenguaje que hay que hablar", dijo.