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jueves, 1 de enero de 2015

Lo negativo de ser positivo

Según estudios científicos realizados recientemente, los optimistas tienden a fracasar más que quienes viven con una poco de pesimismo. Una psicóloga muestra una fórmula alternativa para alcanzar las metas.

¿Cuál de estas dos mujeres en dieta va a obtener mejores resultados: la que imagina que pasará de las galletas y los postres y se proyecta delgada y atractiva, o la que visualiza que no va a poder resistir la tentación de comer y se concibe igual de gorda en el futuro? La mayoría respondería que la persona positiva bajará más de peso, pero la sorpresa es que en la vida real las que conciben un resultado más negativo son las que logran llegar más lejos en sus aspiraciones.

Este ejemplo hace parte de experimentos reales hechos por Gabriele Oettingen, una psicóloga de la Universidad de Nueva York, con los cuales ha logrado desvirtuar uno de los mensajes más poderosos de la sociedad moderna: que mirar el lado bueno y enfocarse con fuerza en la meta es garantía para obtenerla.

Este tipo de optimismo ha sido promovido en libros de autoayuda como El secreto, que pregonan que los pensamientos positivos son recompensados con felicidad, riqueza, sabiduría y éxito. Pero lo que Oettingen ha encontrado en sus estudios es que ser positivo sobre el futuro no es suficiente para alcanzar los sueños.

No hay nada malo con soñar despiertos, dice la investigadora. Es un ejercicio bueno según para qué se use. Fantasear genera placer y da la oportunidad de explorar alternativas para el futuro. También sirve para estar optimistas mientras se espera algún resultado, como el de un examen. En general soñar es bueno cuando no se necesita actuar o no se tiene control sobre un resultado determinado.

Pero si la meta es comprar un carro o conseguir trabajo tener estas fantasías positivas es problemático porque “esas imágenes lo relajan y no proveen la energía y el esfuerzo necesarios para ayudar a conseguirlos ”, explicó la psicóloga a la Revista Semana de Colombia.

Esto sucede porque la mente no distingue entre la realidad y la imaginación y en ese sentido visualizar la meta hace creer al individuo que ya la consiguió. La psicóloga ha constatado en numerosas ocasiones que cuando los individuos solo sueñan con un futuro positivo en cualquier área de la vida, obtienen peores resultados porque en sus mentes ya lo han logrado. “El pensamiento positivo es muy seductor porque es como tener de inmediato el cielo en la tierra. ¿Para qué hacer más si ya puedo disfrutar de eso en mi mente y sin límites?”, agrega la experta.

En experimentos durante los últimos 20 años, Oettingen siempre ha llegado a la misma conclusión. En uno de ellos, por ejemplo, reclutó a 103 estudiantes que tenían un amor platónico por una compañera de colegio. Aquellos que soñaron que ellas les corresponderían estaban aún solos meses después del experimento. En otro estudio con 83 estudiantes de posgrado, aquellos que fantasearon más con su trabajo ideal y ascensos vertiginosos resultaron ser menos exitosos. Así mismo, los alumnos de una clase de negocios que tuvieron fantasías positivas de su desempeño en la materia, al final tuvieron más faltas de asistencia y peores notas. Incluso al revisar los discursos de los presidentes de Estados Unidos desde 1933 hasta 2009, encontró que los que fueron más optimistas acerca del futuro tuvieron más desempleo en su administración.

En su libro Rethinking Positive thinking, la investigadora habla sobre las limitaciones del pensamiento positivo. Propone una alternativa que descubrió a partir de su investigación y que ha probado ser más útil para lograr objetivos concretos. La llama contraste mental y consiste en agregar un poco de realismo a la fantasía del futuro. Al hacerlo la persona seguramente encontrará las dificultades que tendrá que sobrepasar para lograr lo que quiere, un paso importante no solo porque ayuda a detectar lo que se interpone en el camino, sino porque permite trazar un plan para vencerlo. Oettingen llama a este plan implementación de acciones.

La estrategia de contraste mental con implementación de acción se resume en cuatro pasos: deseo, resultado, obstáculo y plan, y se conoce como Woop, por sus siglas en inglés (wish, outcome, obstacle, plan).

Aunque muchos creen que ponerle una dosis de pesimismo a un sueño es como echarlo a perder, Oetting lo considera útil porque al visualizar las piedras en el camino la gente puede ver si son superables o no y si está dispuesto a elaborar el plan de acción que se requiere para cuando el inconveniente aparezca. “Si el obstáculo no se puede vencer tendrá que revisar la meta y cambiarla por una más realista”, explicó. Un poco de pesimismo es lo ideal. Demasiado sería malo porque la obsesión con los obstáculos puede ser tan perjudicial como no tenerlos en cuenta.

En varios experimentos la técnica Woop ha mostrado ser eficaz. Uno de ellos mostró que los estudiantes que la usan tienen puntajes 10 por ciento más altos en los exámenes frente a aquellos que simplemente desearon una buena nota. En otra investigación con 256 mujeres que buscaban tener un estilo de vida más saludable pasó algo similar. Oettingen y sus colegas las dividieron en dos grupos y a uno le asignaron la estrategia Woop mientras que al otro solo le dieron información sobre la importancia de comer bien y hacer ejercicio. Al cabo de cuatro meses las que hicieron Woop habían hecho dos veces más actividad física y habían comido mejor que las demás.

En otro estudio similar la técnica ayudó a un grupo de hombres a hacer 30 por ciento más ejercicio. Según Oettingen es posible aplicar la misma estrategia a cualquier meta que se proponga, ya sea perder peso, escribir una novela o mejorar las relaciones interpersonales.

Lo más importante es ser muy honesto con los obstáculos pues la mayoría de ellos no están por fuera sino dentro de cada quien e identificarlos con honestidad es clave para que el sueño se cumpla. También es importante saber si las metas propuestas son las que realmente se desean. Muchos fracasan porque no tienen claro lo que quieren. Y en este punto tomarse un tiempo a diario para reflexionar sobre el resultado esperado en el día es crucial. “Aquí es donde soñar sí cobra importancia. Porque ayuda a identificar lo que nos pertenece y a descubrir lo que no es para nosotros”, concluye Ottingen.

Cuatro pasos para el éxito

Esta es la estrategia Woop, diseñada por Gabriel Oettingen, que en estudios clínicos ha probado ser efectiva para lograr metas por pequeñas o grandes que sean. El método no toma más de cinco minutos.

1 Deseo: El primer paso es identificar el objetivo y para ello se requiere que el individuo sienta que es posible. Seleccione el más importante y manténgalo en su mente.

2 Resultado: ¿Cuál es la mejor consecuencia que se asocia con ese deseo? ¿cómo se sentiría si lo logra? Visualice de manera vívida ese momento y manténgalo en su mente por unos minutos.

3 Obstáculo: Inspeccione en sí mismo qué lo frena para realizar el sueño, qué emoción o comportamiento se interpone en el cambio. Una vez identificado imagínelo de la manera más realista por un par de minutos.

4 Plan: ¿Qué se puede hacer para vencer ese obstáculo? Piense en una acción efectiva para lograrlo y haga un plan. Escriba o diga el obstáculo y el comportamiento para sobrellevarlo.