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lunes, 2 de febrero de 2015

El día a día de Cristiano Ronaldo

EL GRITO DIARIO DE CRISTIANO RONALDO

Un hombre se levanta a las ocho de la mañana, hace algo de ejercicio y desayuna con su hijo cereales y zumo de naranja, saca el coche del garaje, lleva al niño al colegio, después recoge a un compañero y juntos marchan hacia el trabajo. La escena podría ser la de cualquier empleado de este país. Pero añadamos que donde amanece ese hombre es en un lujoso chalet valorado en cinco millones de euros en la urbanización madrileña de «La Finca». Añadamos que ese hombre se monta en un modelo de alta gama y que quien le acompaña es como él un jugador del Real Madrid. Por último, mencionemos el detalle esencial. Que ese hombre que despierta todas las mañanas para ir a trabajar es el mejor futbolista del planeta.

Eso es lo que en realidad le convierte en extraordinario: que es Cristiano Ronaldo. Porque su forma de vida, a grandes rasgos, no deja de ser la de cualquier otro. Cuando un periodista intenta acercarse al personaje y recoge testimonios entre la gente que le rodea, espera encontrarse mucho glamour y hasta un punto de extravagancia. Y sin embargo, lo que hay es una vida muy sencilla, muy sacrificada, que limita en ocasiones con el estajanovismo. No hay fórmulas mágicas de entrenamiento, nada de pócimas milagrosas, ni siquiera una dieta especial. El secreto de Cristiano Ronaldo es que no tiene secreto. A no ser que califiquemos como secreto lo que todos ya sabemos: que hay que trabajar mucho, cuidar al máximo lo que comemos y descansar lo suficiente. En esos tres aspectos, Cristiano es el número uno.

Colarse en el Gimnasio

«Es el primero que llega a entrenarse y el último en irse», confirman en el vestuario del Real Madrid. Es una constante en su vida desde los tiempos de juveniles. Muy célebre es la anécdota de aquel Cristiano Ronaldo casi adolescente que acudió un día a las instalaciones del Sporting de Lisboa fuera del horario establecido y se encontró la puerta cerrada a cal y canto. No fue un obstáculo para él: se coló en el gimnasio y se ejercitó durante horas en solitario. Sigue siendo su obsesión. Pero lo importante no es tanto la cantidad -porque un exceso de entrenamiento puede llegar a ser perjudicial- sino el control y el orden con que lo hace. «Es muy metódico en sus normas de entrenamiento. Un reloj suizo», aseguran quienes trabajan con él todos los días en la Ciudad Deportiva del Real Madrid.

Se han escrito muchas cosas sobre las segundas sesiones de entrenamiento de Cristiano en su casa: que si tiene un gimnasio, que si por las tardes usa en su casa una máquina de frío para tratar sus músculos. Especulaciones todas que, según su entorno, tienen poco que ver con la realidad. A lo sumo, el complemento está en la piscina de su casa. Cristiano dedica una o dos horas cada tarde a hacer natación para tonificar sus músculos de otra manera. Su representante, Jorge Mendes, siempre destaca este trabajo físico extra. «Nadie dedica las veinticuatro horas de cada día de su vida a prepararse para ser el número uno», señala Mendes. «Su secreto es que siendo el mejor del mundo podría rebajar esa presión en su trabajo y nunca lo hace. Se entrena tanto o más que nadie. Lo tiene todo y eso no le hace relajarse. Sigue trabajando como si no hubiera obtenido nada. Eso le hace único».

Fabio Coentrao -su amigo, el hombre con el que va y viene en coche a los entrenamientos del Real Madrid- destaca que «hoy Cristiano sigue trabajando igual que el primer día». Pepe, su otro amigo portugués, insiste en ese trabajo metódico. «Solo piensa en entrenarse para ser el número uno».

Cristiano es el que mejor se entrena porque también es el que mejor descansa. Para estar al cien por cien, necesita de hasta diez horas de sueño. Ocho o nueve por las noches y una o dos horas de siesta que, siempre que puede, comparte con su hijo. Muy rara vez se acuesta más tarde de las once de la noche. Por eso, ha sido imposible cazarle en todos esos establecimientos nocturnos de Madrid, «Moma 56», «Gabana» o «Ramsés», que se asocian a personajes del perfil de Ronaldo. Y no es porque no le guste salir de noche como a cualquiera. «Hay que renunciar a ciertas cosas. Hay muchas tentaciones. Es muy difícil. Más en la cultura en la que vivimos, en España, con un pueblo alegre que vive el día a día dentro de las dificultades», reconocía esta misma semana el propio Cristiano en una charla organizada por la Federación Portuguesa.

Así que nada de fiestas fuera de casa. Pero tampoco en su lujoso domicilio de «La Finca». «Las fiestas de Cristiano son un mito», aseguran sus allegados. Otra cosa es que quiera compartir el máximo posible de tiempo con su «clan» más íntimo, que forman tres círculos concéntricos.

Momento crítico

En el núcleo, su madre, su hijo, su hermano y su amigo Ricardo. Se ha especulado estos días sobre la influencia de Dolores Aveiro sobre Cristiano, incluso en la reciente ruptura sentimental con Irina. No sería extraño. Su madre ha sido pieza fundamental en el ascenso del Balón de Oro, sobre todo en el momento más crítico de su vida, cuando tras fichar por las categorías inferiores del Sporting de Lisboa se le detectó una dolencia cardiaca que podía obligarle a colgar las botas con solo 16 años. Llamaron a doña Dolores. Tenía que dar permiso para la intervención quirúrgica. Se le operó con láser y todo salió bien. Pero Cristiano tiene grabada esa etapa a fuego. Lleva muy mal la soledad: «Estar solo en Lisboa fue el momento más difícil de mi vida. Lloraba todos los días, llamaba a mi familia. Ahí conseguí ver las cosas de manera diferente», asegura el astro catorce años después.

Quizás por eso quiere aprovechar al máximo el tiempo con su hijo, Cristiano Ronaldo Jr. «Es un niño muy educado», destacan sus allegados. «Se comporta como una persona mayor. Las pocas veces que acude con él a Valdebebas para ver a su papá entrenarse, pide permiso a los conserjes para todo, incluso para coger una botella de agua». Un detalle que habla de la línea que le ha marcado su padre: control y orden.

En un segundo círculo está el personal de Gestifute, la empresa de representación de Jorge Mendes. Tanto él como el resto de su equipo -Luis Correia, Jorge Monteiro, Manuela Brandao, y el abogado de la empresa- entran y salen de la casa de Ronaldo como si realmente fuera suya.

Y en un tercer círculo encontramos a su familia de Valdebebas. «En el vestuario es serio porque a la Ciudad Deportiva del Real Madrid acude a entrenarse, no a hacer chistes», se asegura desde el cuerpo técnico. Pero a veces Cristiano se destapa con un notable sentido del humor, sobre todo para reírse de sí mismo. Por ejemplo, fue él quien enseñó recientemente a sus compañeros la cantidad de bromas que se lanzaron en las redes sociales burlándose de cómo había exagerado un penalti. «Se partía de risa», relata un componente del vestuario. «Eso sí, dejó claro a todos que le habían empujado y que en realidad era penalti».

Cristiano cuida, hasta mima, al resto de trabajadores de Valdebebas, especialmente a los utilleros, médicos y a los fisioterapeutas. Cada vez que consigue una meta, obsequia con detalles a jugadores y demás trabajadores. «No se olvida de nadie. Es generoso por naturaleza», afirman.

Pescado y verduras

De hecho, Cristiano solo escatima con su propia comida. Sigue una dieta estricta que unida al entrenamiento le hace tener un 3% menos de grasa corporal que cualquier supermodelo. «Come habitualmente pescado, verduras, arroz, frutas, zumos naturales, como hacía en Madeira», señalan en su entorno. Y por supuesto, la especialidad su madre. «El bacalao "a bras" de doña Dolores es su plato preferido». Lo comparte, cuando puede, con familiares y amigos. «Cuando su madre hace un bacalao, es día de fiesta». Y solo le es «infiel» a sus progenitores con los solomillos y pescados de «Urrechu», el asador que se encuentra justo enfrente de «La Finca». Antes iba una o dos veces veces por semana, pero se había generado tanta expectación entre la clientela, que últimamente ha optado porque le lleven el pescado o la carne a casa.


Propietario de una flota de coches de alta gama, no suele repetir uno de un día para otro. Le encanta el placer de conducir, de probar máquinas, como se prueba a sí mismo cada día. Tras la siesta y la piscina, viene la cena, frugal, sencilla. Y antes de las once termina un día cualquiera en la vida de Cristiano. Un grito diario por seguir siendo el mejor del mundo.