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jueves, 14 de julio de 2016

Alcanzar la felicidad

El psicólogo estadounidense Dan Gilbert conoce la receta de la felicidad. Y es infalible. Este investigador de la Universidad de Harvard recuerda el caso de Moreese Bickham, un ciudadano negro de Luisiana (EE UU) que en 1958 vio cómo dos policías vinculados al Ku Klux Klan llegaban al porche de su casa y le metían un tiro en el estómago.

Pese a la herida, Bickham, a sus 42 años, logró coger un arma y defenderse. Mató a los dos agentes. Actuó en defensa propia, pero fue condenado a muerte por las racistas instituciones del sur de EE UU de hace medio siglo. Pasó más de 37 años en prisión, 14 de ellos en el corredor de la muerte. Encerrado 23 horas al día en completo aislamiento. Hasta que, por las presiones de la sociedad civil, fue liberado en 1996. Al salir, sobre su tiempo en la cárcel dijo: “No lamento ni un minuto. Fue una experiencia gloriosa”.

Gilbert, nacido en 1957, sonríe antes de contar otro caso, el de Ronald Wayne. Junto a dos amigos, llamados Steve Jobs y Steve Wozniak, fundó en 1976 una empresa para fabricar ordenadores: Apple. En seguida, por miedo a que el proyecto acabara en bancarrota, vendió sus acciones por 800 dólares. “Ahora valdrían 62.000 millones de dólares”, exclama Gilbert. “Nunca me he arrepentido de mi decisión”, ha declarado Wayne, un ingeniero retirado que vive feliz cerca de Las Vegas.

El psicólogo de Harvard continúa su relato, durante su primera conferencia en España, impartida en el centro cultural CaixaForum, invitado por la Obra Social “la Caixa”. No hay entradas desde 15 días antes. Gilbert es una estrella de la oratoria. Sus charlas TED, disponibles en internet, han sido vistas por más de 20 millones de personas. “Anthony Weiner era un famoso político, joven, guapo y brillante. Estaba en la cumbre del éxito. Mucha gente pensaba que podría llegar a ser presidente de EE UU. Pero tenía una mala costumbre: hacerse fotos de su pene y enviárselas a jóvenes mujeres que no eran su esposa”, prosigue Gilbert.

“No es una gran idea si quieres ser presidente de EE UU”, bromea. Cuando fue cazado en 2011, Weiner cayó en desgracia, hundió en el estupor a su familia y dimitió de su puesto de congresista. Su carrera política estaba arruinada. Pero un año después, en una entrevista, Weiner confirmó que aquellos sucesos le habían cambiado, para bien. Era otro, una persona mejor. “2011 fue el mejor año de mi vida”, manifestó.

Gilbert ya casi tiene la receta de la felicidad en la punta de la lengua. Muestra una última fotografía. Aparecen unos jovencísimos John Lennon, Paul McCartney y George Harrison, acompañados por un cuarto músico que no es Ringo Starr. Es Pete Best, el primer baterista de The Beatles. Abandonó el grupo en 1962, justo antes de que se convirtiera en un fenómeno planetario. “Soy feliz con mi estilo de vida”, ha sostenido Best, que siguió tocando la batería en Liverpool y hoy es un alegre abuelo.

Al investigador estadounidense se le iluminan los ojos, porque ya tiene los cuatro ingredientes de la felicidad: “Dimite de tu puesto de trabajo en medio de un escándalo, humillando a tu pareja si es posible, ingresa en prisión de manera injusta, vende por un puñado de dólares tu participación de 62.000 millones en una empresa y nunca, nunca, te conviertas en un miembro de The Beatles”.

Parece una receta estrafalaria, pero a los cuatro protagonistas de la historia les ha funcionado. En realidad, Gilbert no habla de cómo ser feliz, ni de por qué la gente no es feliz, sino de por qué la gente no sabe lo que les hará felices. “Los seres humanos infravaloran su propia resiliencia: no se dan cuenta de lo fácil que será cambiar su visión del mundo si ocurre algo malo. Constantemente sobredimensionan lo infelices que serán ante la adversidad”, reflexiona en un encuentro con la prensa en Madrid.

El científico compara esta capacidad de adaptación con “un sistema inmune psicológico, similar al que defiende al cuerpo de gérmenes y enfermedades”. Estas defensas de la mente, como las del cuerpo, son más fuertes en unas personas que en otras. “Mi mujer jamás enferma y yo pillo todos los resfriados. Lo mismo ocurre con el sistema inmune psicológico. Hay personas que son resilientes ante la peor tragedia. Otras personas se entristecen a la mínima. Pero lo interesante es que la inmensa mayoría de los seres humanos son del primer tipo”, proclama. “El 75% de las personas vuelven a ser felices en los dos años posteriores al peor trauma que te puedas imaginar”.

El psicólogo de Harvard sabe que se mueve en un terreno cenagoso: el de la millonaria industria de la felicidad, una ametralladora de charlas, cursos de coaching y libros de autoayuda. Un mundo lleno de charlatanes y farsantes. “Desconozco sus motivaciones, pero en la industria de la felicidad hay mucha gente que está equivocada”, reconoce Gilbert diplomáticamente.

Él es diferente. Sus investigaciones se publican en las mejores revistas científicas. Uno de sus experimentos consistió en una aplicación para teléfono móvil que preguntaba periódicamente a 5.000 personas de 83 países cómo se sentían, qué estaban haciendo y si estaban pensando en otra cosa diferente a la que estaban haciendo. Sus resultados, publicados en la revista Science, mostraron que las personas piensan en cosas que no están ocurriendo casi tanto como en cosas que están delante de sus narices. Y los datos revelaron que esa “mente errante” les hacía, a menudo, infelices.

“La industria de la felicidad es una buena idea, pero debe basarse en la ciencia. Es muy fácil dar a la gente recetas para su vida. Ha ocurrido durante miles de años. Cada cura, cada rabino, cada orador motivacional, cada camarero, cada taxista tienen una opinión sobre la felicidad. ¿Qué opiniones son acertadas y cuáles no? Solo hay una manera de saberlo: la ciencia”, zanja.

El laboratorio de Gilbert mide los sentimientos de miles de personas para intentar desmontar afirmaciones que se dan por ciertas. “Nuestro cerebro nos da mala información sobre cómo de felices o infelices seremos en futuras circunstancias. Si preguntas cómo de feliz serás si te quedas ciego, la mayor parte de nosotros dirá que será infeliz durante mucho tiempo o el resto de su vida. Pero si medimos la felicidad de las personas que de verdad se han quedado ciegas, veremos que son perfectamente felices. Y observamos este patrón en todas las circunstancias”, relata.

“Uno piensa: esto será terrible o esto será maravilloso. Pero luego lo medimos y vemos que no hay nada ni tan maravilloso ni tan terrible. ¿Ganar la lotería nos hará felices para siempre y quedarnos ciegos nos hará infelices? Ninguna de las dos cosas es cierta”, resume.

Gilbert, autor del libro superventas Tropezar con la felicidad, también ha participado esta semana en un curso de verano de la Universidad Complutense de Madrid, organizado por el matemático José Manuel Rey y el psicólogo Carmelo Vázquez. Ha impartido la misma charla que en CaixaForum, titulada “Felicidad: lo que tu madre no te contó”.

La conferencia parte de la base de que una madre siempre recomienda a sus hijos que se casen, que ganen dinero con un buen puesto de trabajo y que a su vez tengan hijos. A lo largo de la charla, Gilbert tumba asunciones relacionadas con estos tres supuestos ingredientes de la felicidad. Las personas casadas son en promedio más felices que las solteras, incluso que las parejas de hecho. Pero el divorcio supone un extra de alegría. La felicidad de los hombres se dispara tras una ruptura. Y la de las mujeres también lo hace al cabo de un par de años, según sus datos.

“¿El dinero no compra la felicidad? Sí la compra. No hay ni un estudio que muestre que un euro extra hace disminuir la felicidad”, sostiene Gilbert. Pero hay un matiz. Cuando eres pobre, un poquito más de dinero supone una inmensa felicidad. Un millonario, en cambio, necesita una enorme cantidad de dinero para aumentar, tan solo un pelín, su felicidad.

“Hay un punto de inflexión”, subraya Gilbert, a partir del cual ganar más dinero apenas te hace más feliz: 60.000 euros al año, según los estudios realizados en EE UU. “No existe apenas diferencia entre ganar 60.000 euros y ganar 60.000 millones”, sentencia. La explicación es muy sencilla, según muestra en otro gráfico. Las cuatro actividades cotidianas que más felicidad aportan son gratis: practicar sexo, hacer ejercicio, escuchar música y charlar. La que más, con mucha diferencia, es practicar sexo. Y los estudios muestran que una escapada a París hace más feliz que comprar un coche deportivo. “Invertir en experiencias es mejor que invertir en cosas materiales”, señala Gilbert.

Así que el matrimonio y el dinero tienen una relación compleja con la felicidad. ¿Qué pasa con los hijos, el tercer consejo de una hipotética madre clásica? El psicólogo de Harvard es directo: “Los niños son como la heroína”. La droga da placer, pero destruye el resto de fuentes de felicidad de una persona, como la familia y amigos. Con los hijos, argumenta Gilbert, ocurre lo mismo. Los padres dejan de practicar sexo, salir con los amigos o acudir a conciertos. “Muchas madres me dicen que sus hijos son su mayor fuente de felicidad y yo les respondo que tienen razón. Si solo tienes una fuente de felicidad, es tu mayor fuente de felicidad”, espeta el investigador.

El científico ofrece por fin su verdadera receta para ser feliz, a la vista de los datos científicos. “La felicidad es un asunto de química del cerebro. La genética influye, pero las circunstancias también. Intentar ser más feliz es como bajar de peso. No hay ningún secreto para bajar de peso: comer menos y hacer más ejercicio. Con la felicidad ocurre lo mismo. Hay unas pocas cosas que se pueden hacer y, si se hacen todos los días religiosamente, el promedio de felicidad irá subiendo”, comienza.

“Por ejemplo, pasa más tiempo con la familia y los amigos. Es un consejo aburrido, pero es cierto. Somos el animal más social del planeta, se mida como se mida, así que no sorprende que la mayor parte de nuestra felicidad proceda de las relaciones sociales. Cuida tu salud física, haz más ejercicio. Es otro consejo aburrido, pero también es cierto”, continúa Gilbert, con gestos para acentuar que sabe que no está descubriendo la pólvora. “Si me dijeran que permaneciera a la pata coja diciendo qué nos hace felices en la vida, solo diría “otras personas” antes de caerme al suelo”.

miércoles, 13 de julio de 2016

Decreto Gobierno Mitigacion Polvo

N° 39704-S
EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y EL MINISTRO DE SALUD


En uso de las facultades que le confieren los artículos 140 incisos 3) y 18) y 146 de la Constitución Política; 28 párrafo segundo, inciso b) de la Ley N° 6227 del 2 de mayo de 1978 “Ley General de la Administración Pública”; 1, 2, 3 y 9 de la Ley N° 5395 de 30 de octubre de 1973 “Ley General de Salud”; y 2 inciso b) y c) de la Ley N° 5412 de 8 de noviembre de 1973 “Ley Orgánica del Ministerio de Salud”.

Considerando:
1º—Que la Salud de la población es tanto un derecho humano fundamental como un bien de interés público tutelado por el Estado.
2º—Que es función del Estado a través de sus instituciones velar por la protección de la salud de la población y garantizar el bienestar de los ciudadanos.
3º—Que las necesidades y los valores cambian en la medida en que la sociedad se desarrolla, siendo la protección al ambiente un tema de gran importancia y preocupación en la actualidad.
4º—Que es potestad del Ministerio de Salud velar por la salud de la población y sus condiciones sanitarias y ambientales.
5º—Que en primera instancia las personas trabajadoras de la construcción se encuentran afectas a las consecuencias derivadas de las partículas contaminantes del polvo, sin embargo, dependiendo de las condiciones ambientales como humedad, viento, presión atmosférica, el origen del polvo y las características físicas del mismo, de acuerdo con la cercanía de residencias y otras instalaciones, puede afectar la salud de la población ubicada en las cercanías de las obras.
6º—Que las partículas de polvo pueden viajar por el aire y eventualmente producir efectos nocivos en la salud de las personas, como:
• Neumoconiosis: es la acumulación de polvo en los pulmones y la reacción de los tejidos ante su presencia.
• Cáncer: muchos tipos de carcinógenos están contenidos en partículas de polvo de las construcciones como los asbestos, la silica cristalina libre, el cromio hexavalente y cierto tipo de polvos de madera. También el polvo de cenizas de algunos metales pesados son carcinógenos genotóxicos como el berilio, el cromio y el quarzo.
• Envenamiento sistémico: algunos químicos pueden ingresar al organismo, atravesar el torrente sanguíneo y producir efectos dañinos en los órganos, sangre o el sistema nervioso, como ejemplo se encuentra los polvos de metales tóxicos como el cadmio.
• Alergias: algunos polvos pueden causar reacciones alérgicas, especialmente en el caso de metales y maderas. Se presentan con frecuencia crisis asmáticas o riníticas.
• Efectos en la piel: algunos polvos pueden afectar la piel y causar varios tipos de dermatosis. Ejemplos son el cemento, algunos polvos de metales y de madera. El cemento y el gypsum pueden provocar quemaduras cáusticas en la piel.
7º—Que el polvo de construcción consiste en partículas sólidas, que varían en tamaño desde 1 micrómetro hasta al menos 100 micrómetros, que se puede esparcir por el aire, dependiendo de las condiciones ambientales, el origen y las características físicas (OMS, 1999), y para efectos de muestreo existen diferentes clasificaciones:
• Las partículas que no son aspiradas en la nariz o en la boca y por lo tanto no representan un peligro por inhalación.
• Las partículas de masa inhalable que son inhaladas y representan un peligro cuando son depositadas en cualquier parte del tracto respiratorio.
• Las partículas de masa torácica, que son las que pueden penetrar en la laringe y son peligrosas cuando se depositan en cualquier parte dentro del tórax, y
• Las partículas de masa respirable, que son partículas que pueden penetrar a través de los bronquiolos y son peligrosas cuando se depositan dentro de la región de intercambio de gases en los pulmones.
8º—Que por lo anterior es necesario la implementación medidas para mitigar las molestias y riesgos a la salud de las personas por el polvo producido por la construcción de obras, tanto privadas como públicas. Por tanto,

Decretan:
OFICIALIZACIÓN DE LA NORMA PARA MITIGAR LAS MOLESTIAS Y RIESGOS A LA SALUD DE LAS PERSONAS POR EL POLVO PRODUCIDO POR LA CONSTRUCCIÓN DE OBRAS, TANTO PRIVADAS COMO PÚBLICAS
Artículo 1º—Oficialícese para efectos de aplicación obligatoria la “Norma para Mitigar las molestias y riesgos a la salud de las personas por el polvo producido por la construcción de obras, tanto privadas como públicas”, la cual está contenida en el anexo al presente decreto.
Artículo 2º—El Ministerio de Salud y demás entes públicos velarán por la correcta aplicación de la presente Norma. Además tanto los entes públicos como los entes privados deberán cumplir con la presente Norma cuando se trate de la construcción de obras.
Artículo 3º—Rige a partir de su publicación.
Dado en la Presidencia de la República.—San José, a los veintinueve días del mes de febrero del dos mil dieciséis.
LUIS GUILLERMO SOLÍS RIVERA.—El Ministro de Salud, Dr. Fernando Llorca Castro.—1 vez.—O.C. Nº 26956.—Solicitud Nº 17567.—( D39704 - IN2016034149 ).

ANEXO
NORMA PARA MITIGAR LAS MOLESTIAS Y RIESGOS A LA SALUD DE LAS PERSONAS POR EL POLVO PRODUCIDO POR LA CONSTRUCCIÓN DE OBRAS, TANTO PRIVADAS COMO PÚBLICAS
Las personas encargadas de la construcción de obras, tanto privadas como públicas, están obligadas a:
1. Cubrir el banco de materiales a utilizar en la obra, mediante lonas o plásticos.
2. Mantener las rutas de acceso al proyecto constructivo, las que sean de lastre o de tierra, humedecidos, mediante uso de cisternas con equipo de riego, y aumentar la frecuencia en época de verano.
3. Mantener igualmente rutas internas del proyecto constructivo debidamente humedecidas.
4. Cubrir con lonas los camiones (vagonetas) que transportan material granulado para evitar la dispersión por acción del viento.
5. Establecer ductos de descarga de residuos de construcción en los proyectos constructivos de varios niveles.
6. Utilizar estructuras cortavientos para evitar la dispersión de material y residuos por acción de fuertes vientos.
7. Los edificios en remodelación que se encuentran en zonas pobladas deberán mitigar las molestias a los vecinos y transeúntes a través de tecnología.

lunes, 11 de julio de 2016

El éxito

El argentino Lionel Messi, considerado por muchos el mejor jugador de la actualidad, el de los récords quebrados uno a uno en el Barcelona, no consigue un título con su selección. El capitán de la Albiceleste lleva tres finales perdidas al hilo.

Es el astro, sin duda, y principal responsable de que ese combinado nacional —eso que por estas partes del mundo representa y une a un país más que el más sagrado símbolo patrio—llegue a las finales, al partido decisorio, en el que todos aspiran jugar, de los más prestigiosos torneos: Copa del Mundo 2014, Copa América 2015 y Copa América Centenario 2016. Y por ser quien es, a él apuntan los dardos de buena parte de los hinchas por las tres finales perdidas. Él, tan exitoso, pasa a ser el responsable del fracaso, de que la gloria vuele a otro país. Y él, tan habituado a los reconocimientos, no soporta esa presión social. Y dice que renuncia, aunque sus allegados aseguran que vuelve, mientras su procesamiento en España por temas tributarios le suma otra preocupación de las grandes.

Hay presiones de los otros y también propias. Messi, no cabe duda, es muy exigente consigo mismo. Pero también hay otros que se exigen mucho en pos de esa entelequia llamada éxito: empresarios, músicos, actores, modelos, periodistas, comerciantes, abogados y un largo etcétera. Buscan eso y reconocimiento social. Otra cosa sería un fracaso. No hay grises.

Hoy hay un culto al éxito, subraya Juan Fernández Romar, profesor de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. Eso se debe, dice, al auge de la psicología. "De alguna forma, esta ocupa el lugar de una nueva remisión laica. El éxito y el fracaso, que antes podía entenderse como obra divina o del azar, es entendido como resultado de las acciones de la vida". No esperar a un designio divino es un saludable impulso para la proactividad, pero que uno sea arquitecto de su propio destino puede dar lugar a obsesiones enfermizas. "Eso puede ser en parte cierto, pero se desconocen otros factores que juegan, accidentales o limitaciones de tiempo y lugar".

¿Dónde queda el límite entre una saludable y necesaria ambición y algo más patológico? Según Mariana Álvez Guerra, especializada en psicología positiva, la clave se relaciona con elegir metas, intrínsecas o extrínsecas. Las primeras tienen que ver con el desarrollo personal y emocional y en mejorar nuestras propias cualidades, lo que según la experta es la llave a la felicidad. "Y lo otro es tener reconocimiento social, tener fama, dinero y ostentar", agrega. Según la experta, esta búsqueda llega a extremos tan efímeros y futiles como pensar un posteo de Facebook o un tuit que tenga repercusión. "Hoy por hoy, la sociedad y los medios te venden que el éxito está relacionado con lo superficial, y eso es un problema. Porque la insatisfacción se transforma en ansiedad, que no casualmente es el gran mal de nuestros tiempos (ver aparte)".

Autoestima

Esa ansiedad por ser reconocidos a nivel profesional, según la psicóloga Álvez Guerra, está relacionada con una autoestima mal canalizada y una baja tolerancia a la frustración. "A veces, sobre todo los hombres, apoyan toda la autoestima solo en lo laboral, descuidando todos los demás aspectos de la vida". Es común que, en esa búsqueda del éxito en su variante más superficial, de la mano de las frustracionestambién naufraguen otros proyectos personales, vínculos e incluso parejas queden por el camino, añade. "Cuando el éxito es una obsesión nunca te vas a sentir satisfecho. Es correr eternamente detrás de una zanahoria".

Y así, esa frustración se canaliza en los ídolos. Esos que sí son —o deberían ser— exitosos. "Ya sea por nacionalismo o por pertenencia a determinado club, las sociedades necesitan elegir a sus héroes. Y en nuestras fantasías nos proyectamos en sus propios éxitos", dice Fernández Romar. "Es un modo de realizarse en fantasía, porque lo asumo como parte mía y sus proezas también son mías. ¡Algo de ganador debo yo tener porque lo elegí como mi héroe!", añade.

Claro que el héroe falla (para Argentina, por caso, Messi errando un penal; pero ejemplos sobran). Y aquí surge el problema cuando uno endiosa tanto a esas figuras que no les permite equivocarse. Miles de personas que no han hecho nada por esta vida más que durar y transcurrir se creen con derecho a tildarlos de fracasado, cosa que se amplifica en épocas de redes sociales. "Es que ahí entra a tallar mi propia frustración: si él no puede, que es alguien maravilloso, yo menos. Una posibilidad es descargar mi ira porque yo nunca podría lograr algo así, porque estoy confinado a mis propios logros o no. Otra es proyectar hacia los demás: como me siento criticado, critico. Las personas más enojadas con su vida son las que más hacen este tipo de cosas", resume Álvez Guerra —y Messi, humano al fin, tira la toalla—.

Sobre la costumbre de proyectarse en seres presuntamente marmóleos, Fernández Romar recuerda la paradoja —de la cual sobran ejemplos— en que éxito y felicidad no fueron de la mano. Kurt Cobain, Marilyn Monroe y Robin Williams son solo tres ejemplos. "Una persona exitosa es aquella que es feliz sin necesidad de impresionar ni demostrarle nada a nadie", opina Álvez Guerra. "Está bárbaro ser apasionado por tu carrera y progresar, pero si lo hacés de corazón, con ganas y además te nutrís como persona, ahí tenés el verdadero éxito. Ser el mejor es imposible; además, siempre va a haber uno mejor".

CAUSA DE LA ANSIEDAD

La insatisfacción por no sentirse realizado (por no llegar al éxito) es una de las grandes causas de la ansiedad. Según distintas fuentes, entre el 3% y el 5% de la población la padecen. "Mucha gente está ansiosa porque tiene metas inalcanzables de ser el mejor, el más lindo, el más rico. Empezamos a compararnos con el otro, a competir, a estar estresados y a perder tiempo en ver a quién le ganamos", dice la psicóloga Mariana Álvez Guerra. Eso termina canalizándose en actitudes no sanas como fumar, tomar o comer en exceso. El tratamiento clásico es la terapia congitiva-conductual, con técnicas como el mindfulness.

UNA NECESIDAD DE ÉXITO QUE COMIENZA DESDE LA INFANCIA

El culto al éxito actual, según Juan Fernández Romar, profesor de Psicología Social, se potencia desde Internet. Un blogger o un youtuber pueden tener una audiencia planetaria sin moverse de sus casas, sostiene.

Esa obsesión, además, se nota desde la infancia. "Hay padres con una proyección de realización tal en sus hijos que se les va la vida en ello", dice Fernández Romar. "Sobre todo en el fútbol". Ir a cualquier cancha de baby fútbol del país alcanza para darse cuenta.

A su vez, la psicóloga Mariana Álvez Guerra sostiene que en algunos niños ya existe esa tendencia a sobresalir y ser mejores. "También está la premisa inconsciente de que si sos bueno te van a querer más. A veces eso se fomenta por la propia educación recibida en casa: si mi padre me premia por ser el mejor de la clase, entonces eso es lo que voy a tener que hacer por el resto de mi vida. Para peor, a veces el niño va a mostrarle las notas a su padre y por única respuesta recibe un: Ah, podrías haberlo hecho mucho mejor. Esa falta de empatía también ayuda a crear esa voracidad por ser el mejor".

Esa necesidad del éxito, entonces, sería en algunos casos "falta de amor y de aceptación", de acuerdo con esta psicóloga. "Eso es una conducta muy primaria que se repite siempre: buscar que el reconocimiento social tape esas carencias de cariño y empatía que hubo cuando niños".

Un sistema de calificaciones, como el que hay en la escuela y el liceo, ¿no alimenta una obsesión temprana por ser mejores? "Ese es un tema que hoy está en discusión a nivel pedagógico", piensa por su lado Fernández Romar. "El tema es que en los países hegemónicos que marcan las tendencias —Estados Unidos, Europa, Japón y China— ya desarrollan una idiosincracia extremadamente competitiva, porque es un dispositivo de evaluación y también de esa selección. Esos países lo precisan, justamente, para mantener su propia hegemonía".

Fuente: Diario El País Uruguay

lunes, 4 de julio de 2016

La felicidad

¿Qué es la felicidad? Es una pregunta que todos nos hemos formulado alguna vez en la vida. Cómo decía Séneca en su 'De vita beata', “todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felizmente. Aspiramos a ser felices y para ello intentamos descubrir qué es. Sin embargo, cada persona posee una respuesta, una definición de felicidad diferente, y es precisamente esa disparidad de opiniones ante una cuestión tan trascendental en la existencia del ser humano una de las razones de la aparición de la ética en la antigua Grecia.

Son muchos los pensadores que a lo largo de la historia han reflexionado sobre los secretos de la felicidad y cómo conseguirla. A continuación recopilamos las opiniones de doce de los filósofos más importantes de la historia. ¿Cuál es la que encaja más contigo?

“No hay un camino a la felicidad: la felicidad es el camino.” Buda Gautama

Muchas veces nos obcecamos en llegar a la meta, en conseguir el trabajo deseado, en ganar un partido, en tener el coche que anhelamos… y es precisamente todo lo que hacemos para conseguirlo lo que aporta la felicidad. Según el budismo, esta reside en las experiencias enriquecedoras que se viven para lograr un objetivo, ya que una vez se consigue lo que deseábamos la satisfacción es muy breve.

“El secreto de la felicidad no se encuentra en la búsqueda de más, sino en el desarrollo de la capacidad para disfrutar de menos”. Sócrates (470 a. C. - 399 a. C)

Para el filósofo griego la felicidad no viene de recompensas externas o reconocimientos, sino del éxito interno. Al reducir nuestras necesidades, podemos aprender a apreciar los placeres más simples.

Conocerse a uno mismo

“El hombre que hace que todo lo que lleve a la felicidad dependa de él mismo, ya no de los demás, ha adoptado el mejor plan para vivir feliz”. Platón (427 a.C. - 347 a. C.)

Según la Real Academia Española de la lengua, la felicidad es un “estado de grata satisfacción espiritual y física”. Esta definición encajaría bastante con la versión de Platón, ya que para el filósofo griego, alumno de Sócrates, radica en el crecimiento personal y es fruto de la satisfacción conseguida a través de pequeños logros.

“La felicidad depende de nosotros mismos”. Aristóteles (384 a.C. - 322 a.C.)

Ser feliz significa autorrealizarse, alcanzar las metas propias de un ser humano. Aristóteles, discípulo de Platón, sostenía que todos los hombres perseguían la felicidad. Unos son felices ganando dinero; otros, recibiendo honores, y otros viajando. Cada cual posee el secreto de su propia felicidad. Pero para eso hay que conocerse bien a uno mismo, claro está, y saber qué se quiere.

“Las grandes bendiciones de la humanidad están dentro de nosotros y a nuestro alcance. El sabio se contenta con su suerte, sea cual sea, sin desear lo que no tiene” Séneca (4 a. C.- 65 d. C.)

El filósofo estoico creía firmemente en lo que los psicólogos llamaran ahora el “locus de control”. Un concepto ampliamente usado en psicología que afecta al punto de vista de un individuo y a la manera que este tiene de interactuar con el entorno.

Para algunas personas, el locus vive en el exterior; sienten como fuerzas externas guían sus acciones. Para otros, como Séneca, el locus reside dentro.

La felicidad como obligación

“Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado. Si estás ansioso, estás viviendo en el futuro. Si estás en paz, estas viviendo el presente”. Lao Tzu (601 a. C - 531 a. C.)

Traducido literalmente como "viejo", Lao Tzu es una personalidad china cuya existencia histórica se debate, aunque se le considera uno de los filósofos más relevantes de la civilización china.

Lao Tzu sostenía que la razón de su felicidad era vivir el presente. Quienes siempre piensan en el mañana o recuerdan con nostalgia el ayer solo generan ansiedad, estrés, y dejan de disfrutar el momento y la verdadera existencia.

“La felicidad; más que un deseo, alegría o elección, es un deber”. Immanuel Kant (1724-1804)

La felicidad es uno de tantos deberes del ser humano, un deber último y supremo que nos obliga a ser dignos de merecerla. La felicidad en el mundo kantiano no depende del destino ni de los demás, sino de uno mismo, de la persona, es decir, de su propio comportamiento y carácter.

“Es el sentimiento de que el poder crece, de que una resistencia ha sido superada”. Friedrich Nietzsche (1844-1900)

Según el filósofo nihilista la felicidad es una especie de control que uno tiene sobre su entorno. El autor de 'El Anticristo' cree que existe la llamada voluntad de poder, una fuerza que nos da la vida y que nos ata a ella y que al mismo tiempo la convierte en atractiva, ya que es la que nos hace enfrentarnos a todas las adversidades.

Cuando experimentamos que la fuerza aumenta en nosotros y nos sentimos con mucha vitalidad, cuando comprobamos que hemos superado aquello que nos oprimía, según Nietzsche, es cuando somos felices.

La huida del dolor

“He aprendido a buscar mi felicidad limitando mis deseos en vez de satisfacerlos”. John Stuart Mill (1806 -1873)

John Stuart Mill, uno de los principales autores del utilitarismo, mantenía que el deseo de ser feliz por encima de todos los demás deseos (eudemonismo) se presenta en todo ser humano. Mill consideraba la felicidad como la búsqueda del placer y la huida del dolor, aunque no todos los placeres tienen el mismo valor, ya que los hay superiores e inferiores, y nuestras acciones deben dar preferencia a los primeros.

“De todas las formas de precaución, la cautela en el amor es tal vez la más mortal de la verdadera felicidad”. Bertrand Russell (1872 - 1970)

El autor de 'La conquista de la felicidad', ganador del Premio Nobel de Literatura y conocido por su influencia en la filosofía analítica, concibe el amor como un instrumento para conseguir la felicidad. Para el filósofo británico el amor ayuda a romper el ego y a superar la barrera de la vanidad que impiden ser felices.

“La felicidad es como una mariposa, cuanto más la persigues, más te eludirá. Pero si vuelves tu atención a otras cosas, vendrá y suavemente se posará en tu hombro”. Henry David Thoreau (1817 - 1862)

En 1845 Thoreau abandona su casa familiar para instalarse en la cabaña que ha construido junto al lago Walden. Se marcha a los bosques para vivir una vida más intensa. Es a raíz de esta experiencia cuando escribe uno de los clásicos fundamentales del ensayo moderno: 'Walden', un libro escrito contra toda servidumbre y a favor de la felicidad como única riqueza del ser humano, una felicidad que proviene de vivir intensamente el momento.

“Felicidad es la vida dedicada a ocupaciones para las cuales cada hombre tiene singular vocación”. José Ortega y Gasset (1883 - 1955)

Ortega y Gasset mantenía que la felicidad que sentimos es directamente proporcional a la cantidad de tiempo que pasamos ocupados en actividades que absorben completamente nuestra atención y nos agradan.

En palabras del propio Ortega: “Si nos preguntamos en qué consiste ese estado ideal de espíritu denominado felicidad, hallamos fácilmente una primera respuesta: la felicidad consiste en encontrar algo que nos satisfaga completamente”. Para este filósofo y ensayista madrileño la felicidad se produce cuando coinciden lo que él llama “nuestra vida proyectada”, que es aquello que queremos ser, con “nuestra vida efectiva”, que es lo que somos en realidad.

viernes, 1 de julio de 2016

La confianza lo es todo

Unos profesores de una facultad de Ingeniería fueron invitados a entrar a un avión.Después que todos se acomodaron en sus asientos, se les informó que el avión había sido construido por sus alumnos. En aquel mismo instante todos los profesores salieron corriendo desesperadamente fuera del avión, en total estado de pánico. Solo un profesor se quedó quieto y sereno en su lugar. Cuando le preguntaron el motivo de tanta calma, el hombre respondió: “Conozco perfectamente la capacidad de mis alumnos. Si ellos fueron los que lo construyeron, tengo la más plena confianza de que esta mierda ni siquiera va a poder arrancar.”