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domingo, 2 de octubre de 2016

El técnico que parece un científico

A los 46 años, el alemán Thomar Tuchel es lo más parecido a un científico metido a entrenador de fútbol, es un intelectual, un innovador constante al frente del Borussia Dortmund que será el peligroso rival del Real Madrid.

Tuchel, camarero en su etapa de estudiante, licenciado después en Economía, amante de las matemáticas y la meditación, vegetariano, lector voraz... Sin el carácter arrollador de Klopp, su mensaje académico también ha calado en el vestuario, donde ya no sorprenden sus revolucionarios métodos.

Sin futuro como futbolista profesional por culpa de una lesión de rodilla, empezó joven la carrera de entrenador (mejor nota de su promoción). Llamó la atención en el Mainz, firmando buenas campañas con un club de apenas 15 millones de euros de presupuesto. Se marchó por aburrimiento. «No creo que pueda aportar más aquí», dijo en su despedida en 2014, antes de alejarse un año de los banquillos para avanzar en su formación. Visitó entrenamientos de otros clubes y otros deportes, estudió Estadística, se matriculó en Filología Inglesa y en Educación Física. En la universidad se empapó de las ideas del profesor Wolfgang Schöllhorn y su teoría científica sobre los diferentes tipos de aprendizajes que requieren los deportistas, en vez de la rutina de repetición clásica en los ejercicios. Un método por el que también se interesó Pep Guardiola.

Diagonales

Los futbolistas del Borussia se miraron asombrados una mañana al ver el rediseño del campo de entrenamiento que había hecho su entrenador. Dibujó Tuchel la zona de ataque en forma de diamante, sin córners, indicando la dirección de entrada al área a sus volantes, de fuera hacia adentro. La portería está en el centro, así que mejor aparecer por allí. Estarán más cerca del gol, les explicó desde su lógica. En cinco minutos de atención al Borussia se confirma su vía favorita de ataque. Reyes de las diagonales. Esta temporada, además, ha incorporado a dos interiores rapidísimos que encajan como un guante en esta filosofía, el francés Dembele y el portugués -campeón de Europa- Guerreiro, dos diablos a vigilar por el Madrid. De sus llegadas se beneficia Aubameyang, goleador y heredero de Lewandowski.

El control de Tuchel sobre los futbolistas rebasa el terreno de juego. Se mete con ellos hasta en la cama. Controla las horas y la calidad de su sueño con programas informáticos, sin pasar por alto la dieta. Estricto al máximo con la alimentación, cuida lo que comen en casa y en el vestuario, donde prohibió al llegar la pasta que el mejor italiano de Dortmund enviaba después de cada partido.

En los entrenamientos no deja de innovar. Un día malabares con pelotas de tenis, otro avanzar tocando el balón sólo con la rodilla o jugar sujetando un objeto para así «acostumbrarse a no agarrar al contrario», les justificó. Una de las peticiones que más sorprendió en el club fue cuando pidió que organizaran una sesión técnica con el Alba de Berlín... Un equipo de baloncesto.

Quiere que sus futbolistas inventen, que se equivoquen y vuelvan a intentarlo. Empapela la caseta con frases motivadoras, una de ellas de Michael Jordan: «He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. 26 veces no he metido la canasta ganadora en el último segundo... He fracasado una y otra vez en mi vida y eso es por lo que tengo éxito». El intervencionismo de Tuchel salpica las costumbres de convivencia de la plantilla (obliga a que coman juntos en la misma mesa) y también su ocio, recomendándoles lecturas. A Mkhitaryan, ahora en el Manchester United, le animó a probar con un bestseller sobre motivación para tenistas (The Inner Game of Tennis, de Timothy Gallwey). «Parecía que estaba escrito para mí. Encontré todas las respuestas que necesitaba», dijo después el mediapunta armenio.

Fuente: Diario El Mundo