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jueves, 16 de noviembre de 2017

El fútbol hondureño

César Indiano

Una mentira que debió caer 10 años atrás se desplomó a la medianoche del miércoles cuando la selección hondureña de futbol quedó abatida ante una Australia que los esperó en la esquina más lejana del mundo para demolerlos y exponerlos… El planeta entero por fin vio en un escenario majestuoso de Sídney, la gran calamidad de ese futbol chato, supersticioso, brusco y mañoso que se viene practicando en Honduras desde hace 15 años más o menos… 

Estábamos ante dos opciones, o prolongar la mentira de este futbol decadente con otra clasificación inmerecida o que la mediocridad de este proceso fatigador llegara a su fin… Digamos que sucedió lo más conveniente porque ahora será más fácil arreglar las cuentas, levantar las evidencias y encontrar al homicida…

Como en una novela de suspenso… Aún no sabemos con exactitud quien asesinó el futbol hondureño, pero al menos – al amanecer de esta desgracia – tenemos en las manos una larga lista de sospechosos. Todo apunta a la pútrida dirigencia de la FENAFUTH, pero no podemos descartar otros potenciales homicidas como la prensa manipuladora, las mega barras fanáticas y desde luego, los mismos futbolistas y el propio cuerpo técnico… ¿Todo el pueblo en peso está implicado en esta masacre? ...Quizás…

Por supuesto en toda la gente hay un pesar, pero no un dolor. La descalificación al Mundial de Rusia produce un sentimiento extraño, entre romántica resignación y vergüenza lastimada. La resignación nace de que todos – los tontos, los inteligentes, los ricos y los pobres – sabemos perfectamente que nuestro futbol no compite, no funciona, no vende, no atrae, no evoluciona y no sirve. Pero, aunque todos sepan esa verdad irrebatible, se aferran a las supersticiones y a las chiripas de último segundo porque ya nadie soporta tantas vergüenzas acumuladas… ¡Y la gente quiere gloria a cualquier precio!...

Y es comprensible, tontos, inteligentes, ricos y pobres vivimos en ese país estigmatizado mundialmente como violento e incompetente y toda la población piensa – ilusamente – que los futbolistas (con su pobre talento) van a hacer la hombrada universal de lavarnos el rostro. Eso es Honduras, un país de ilusos, bocones y brabucones. Un país que no cree en los procesos ni en los productos ni en las personas, un país que desea prosperar jugando loto tres veces al día y que desea asistir a todos los mundiales enterrando crucifijos en el césped…

Jamás se hizo un alto para evaluar, calibrar y sopesar donde estaba el grave problema de un futbol que desde hace 15 se fue volviendo cavernario, pobre y rústico. En vez de frenar y considerar, se aferraron a las cábalas y a las mentiras baratas de un periodismo embustero y así lograron filtrarse a los dos recientes mundiales sin contar con los requisitos mínimos para competir en escenarios de alto rendimiento... Todos olvidan que en los grandes torneos mundiales las mañas y las supersticiones son motivo de burla, desprecio y rechifla…Y que es preferible mil veces, no ir, a ser expuestos ante los ojos del mundo como ridículos. 

A las vergonzosas presentaciones de Sudáfrica y Brasil se deben sumar ahora las penosas presentaciones de las selecciones sub 20 y sub 17… Siempre, todo el tiempo, se trata de participaciones grises y anti futbolísticas. Lo cual quiere decir que la pobre y deprimente mentalidad del futbol mayor (comandado por dirigencias charlatanas) se ha establecido como “la doctrina del perdedor” en las mentes endebles de los jóvenes: desde las ligas infantiles vienen practicando ese futbol bullying, tosco, brusco y mañoso… Porque los niños y los jóvenes simplemente imitan lo que hacen los adultos.

Hoy en día todos sabemos un poquito más de futbol porque ahora – por los milagros de la tecnología – tenemos acceso a la Premier Ligue, a la Champions Ligue y a los torneos más flamantes del planeta. Sin embargo, la prensa sigue creyendo erróneamente que el 100% de los hondureños somos unos mentecatos… Por eso, al amanecer de esta desgracia anunciada, intentan maquillar la derrota con un estúpido optimismo futurista, recurren a los pretextos enfermizos de toda la vida y apelan nuevamente a los consuelos del idiota. Pero no nos engañemos, paremos esta falsedad de una buena vez… Aceptemos que un barril de mierda está guardado en el armario de las dirigencias deportivas – y si no está ahí – está escondido en el subsuelo de todas las cabinas radiales y televisivas que se nutren de las mentiras, de las excusas y de las tonterías…

¡No Maynor Figueroa!... ¡No te confundas!... ¡madura buen hombre, aprende a perder!... Nadie le dio un cheque al árbitro para sacarte del mundial…Nadie conspiró contra Honduras, es al revés, llegaste demasiado lejos si tenemos en cuenta que tú y tus compañeros se aferraron a la maniobra del tacuazín durante todo el torneo clasificatorio… Se lanzaron al piso y fingieron faltas inexistentes y desgarres inventados. Se aferraron a la maña y hoy lloran hipócritamente… 

Porque al final del día lo malo cojea y la mentira cae, porque en definitiva es grave no poder ganar, pero es más vergonzoso no saber perder. Ante la humillación de ser eliminado debiste callar y reconocer que otros hacen las cosas bien o al menos lo intentan, pero no, perdiste y encima ofendiste… Tenías que ponerle una guinda al pastel y acabaste acusando al réferi. Yo me disculpo en nombre de Honduras y asumo como mía la deshonra que brota de unos futbolistas aturdidos, de una prensa deshonesta y de una dirigencia bocona. Claro está, esto es apenas el comienzo de este debate catártico… Muy pronto pondré a la venta un pequeño libro ilustrado que se llama “Las 7 mentiras del futbol hondureño” … Y sólo entonces comenzaremos a conocer en detalle los pormenores de esta catástrofe nacional. Ya éramos bastantes… Y parió la abuela

domingo, 5 de noviembre de 2017

Tiempo de innovar

La tecnología cambia más rápido cada día. Se habla de que estamos entrando en la era de la Cuarta Revolución Industrial, en la cual las tecnologías digitales, biológicas y físicas tienden a converger. Esto introduce cambios dramáticos a nuestras vidas, la forma en que producimos, consumimos, nos movemos, producimos energía e interactuamos entre nosotros.

Se dice que la mitad de las profesiones actuales no existían hace veinticinco años. Eso significa que no tenemos ni idea de qué tipo de trabajos harán los niños que nacen hoy y que entrarán al mercado laboral, aproximadamente, en el 2040. Surge el reto, por lo tanto, de cómo preparar a los jóvenes para que sean capaces de ejercer profesiones en el futuro que hoy aún no existen.

El destacado economista Xavier Sala i Martin, profesor de la Universidad de Columbia y padre intelectual del índice global de competitividad, aporta algunas ideas al respecto en su libro Economía en colores. Anota que, tanto padres y educadores como políticos, tenemos la obligación de educar a nuestros hijos para que sean innovadores creativos, capaces de evolucionar y mejorar su propia formación mas allá del colegio. Y, para ello, es imperativo fomentar, cuidar y cultivar la creatividad de los jóvenes a lo largo de todo el proceso educativo.

Cuando se trata de innovar, una de las claves es la curiosidad. Sala i Martín pone como ejemplo grandes compañías que han sido exitosas innovando, tales como tiendas Zara, Ikea, Starbucks, El Bulli, Cirque du Soleil y McDonald’s. Incluso agrega en la lista a Pep Guardiola, quien revolucionó la manera de jugar fútbol cuando era entrenador del FC Barcelona. En todos estos casos, las innovaciones no vinieron de un departamento de “investigación y desarrollo”, sino de la creación de una cultura en las empresas, donde siempre están cuestionando todo. ¿Qué quiere el consumidor? ¿Cómo podemos hacerlo mejor y diferente?

Los niños traen esa curiosidad con ellos. Siempre están cuestionando todo. Lo malo es que la mayoría de las veces se mata esa inquietud. Se trata de meter a los jóvenes en un solo molde. No hay derecho a pensar diferente. Se les prepara para memorizar y pasar un examen de bachillerato estandarizado.

El reto es enorme. Los niños deben ser incentivados para que no dejen de hacer preguntas, porque sin preguntas no hay ideas. Y sin ideas no hay innovación.

Luis Mesalles es economista

sábado, 4 de noviembre de 2017

7 pecados capitales IA

Sobrestimar y subestimar: tendemos a sobrestimar el efecto de una tecnología a corto plazo y subestimar el efecto a largo plazo

Imaginar magia: cuidado con los argumentos acerca de una futura tecnología que es mágica, porque nunca pueden ser refutados

Desempeño frente a competencia: los robots y los sistemas de IA de hoy son increíblemente limitados en sus capacidades. Las generalizaciones de naturaleza humana no sirven.

Palabras maleta: Marvin Minsky bautizó a los términos que engloban varios significados como «palabras maleta», y aprendizaje, cuando hablamos de inteligencia artificial, es una de estas palabras maleta, pues el aprendizaje automático actual no es en absoluto el aprendizaje esponjoso típico de los seres humanos

Crecimiento exponencial: aunque hemos visto un aumento repentino en el rendimiento de los sistemas de inteligencia artificial gracias al éxito del aprendizaje profundo nada asegura que sus éxitos vayan a seguir creciendo al mismo ritmo

Escenarios de Hollywood: si fuéramos capaces de construir tales verdaderas inteligencias artificiales el mundo habría cambiado significativamente para cuando fuéramos capaces de hacerlo y no nos pillaría tan de sorpresa como en Terminator, por ejemplo. No es que no vaya a haber desafíos, pero no serán repentinos e inesperados

Velocidad de implementación: es cierto que el software se modifica con frecuencia, casi a diario en algunas plataformas en línea. Pero en el caso del hadrware los cambios son mucho más lentos, pues los costes hacen que el hardware físico dure mucho tiempo, incluso cuando hay aspectos de alta tecnología, y casi todas las innovaciones en robótica e inteligencia artificial tardan muchísimo más tiempo en ser realmente implementadas de forma masiva de lo que la gente en el campo y fuera del campo imagina