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lunes, 18 de septiembre de 2017

No me toque mi ocio

Un ensayo titulado La gente los domingos , del periodista y novelista austriaco Joseph Roth, publicado en 1921 pero traducido este año al inglés, comienza con la oración “Los domingos, el mundo es tan brillante y vacío como un globo”.

Un siglo después, la descripción de Roth parece cada más distante. No porque los domingos no sean, por lo general, vacíos, sino porque el mundo entero parece haberse olvidado de la necesidad de descompresionar para obsesionarse con la productividad.

El año pasado, el New York Times publicó una historia sobre las condiciones de trabajo de los ejecutivos de Amazon. El reportaje revelaba las tensiones que se viven en un ambiente de trabajo en el que los despidos abruptos son comunes, hombres y mujeres adultos incapaces de manejar el estrés de las exigencias laborales lloran en sus escritorios, y los empleados son castigados por no responder correos electrónicos que se envían incluso después de medianoche.

El eco del artículo publicado por el Times reflejaba una crisis en la fuerza laboral de Estados Unidos; no una crisis de falta de empleo o bajos salarios, temas comunes en discursos políticos y portadas de periódicos en todo el planeta, sino una crisis de tiempo libre y estrés.

Si bien el caso revelado por el diario neoyorquino es extremo, no debería ser complicado encontrar similitudes en la vida socioeconómica costarricense.


Sacrificamos horas de juventud con tal de estudiar carreras que se concluyen en menos de tres años para, lo antes posible, insertarnos a un mercado laboral cada vez más exigente y saturado. Sincronizamos los teléfonos inteligentes con el correo electrónico del trabajo, y recibimos notificaciones de grupos de Whastapp laborales a todas horas. Tenemos menos vacaciones que antes, menos feriados que antes, menos ratos libres que antes.

Un futuro distinto

No se suponía que las cosas serían así.

En 1928, el economista británico John Maynar Keynes publicó un ensayo en el que proponía una interrogante sobre el futuro de la sociedad occidental: "¿Qué se puede esperar del nivel de vida económica en 100 años? ¿Cuáles son las posibilidades económicas de nuestros nietos?".

Para Keynes, la respuesta era tan clara y lógica como esperanzadora. La rápida acumulación de capital, combinada con los avances tecnológicos de la época, habían mejorado sobremanera la calidad de vida desde la revolución industrial, y no había razón para que esa tendencia se detuviera.


"Predigo que el estándar de calidad de vida en los países progresivos será, en 100 años, entre cuatro a ocho veces más alto de lo actual". La calidad de vida, decía Keynes, será tan alta que las preocupaciones por sobrevivir serían cosas del pasado; la gente no tendría que preocuparse por producir dinero, las jornadas laborales serían de tres horas diarias.

En 1964, la revista estadounidense Life publicó una serie de reportajes sobre la amenaza del exceso de tiempo libre: una epidemia de ocio a la que había que hacer frente.

Hoy, está claro que Keynes y Life se equivocaban, o que nos encargamos de evitar los peligros del tiempo libre yéndonos al otro extremo de la balanza.

Pregúntese a usted mismo cuándo fue la última vez que se desconectó por completo de sus obligaciones laborales; cuándo fue la última vez que, al cruzar la puerta de la oficina para dirigirse a su hogar, sabía que le esperaba una larga noche de estar pendiente del celular, del correo electrónico o de sus pendientes. ¿Cuándo fue la última vez que su chofer de Uber no le dijo que llevaba más de la mitad del día sentado frente al volante, conduciendo un vehículo, enfrentándose a la ansiedad propia de nuestras calles, con apenas unas horas de sueño a cuestas?

La tendencia se mantiene a la alta y tiene ramificaciones culturales: es pecado desperdiciar en cosas banales como descansar y relajarse el tiempo que podríamos aprovechar trabajando y siendo productivos.

Otro sistema, otra vida

A mediados del 2014, durante una conferencia en Paraguay, el empresario mexicano Carlos Slim –actualmente el sexto hombre con más dinero del mundo– propuso un sistema laboral aplicable en todo el mundo en el que la jornada laboral se redujera a solo tres días semanales.

El sistema actual, dijo Slim, se desarrolló cuando la expectativa de vida era menor y el mundo, en general, era más pobre. Las cosas han cambiado. La gente vive mucho más y un cambio estructural de la sociedad, con fines de semana de cuatro días, promovería el desarrollo de otras ocupaciones y, a su vez, de empleados más saludables, más felices y, como resultado, más productivos.


El requisito sería, eso sí, trabajar más horas en esos tres días, y que la persona se mantenga ocupada hasta entrada en sus setenta años.

Slim no es, ni por asomo, el primer empresario en proponer algo similar. En 1926, cuando la norma común eran las semanas de seis días trabajados, Henry Ford propuso lo que en su momento se vio como algo revolucionario: una semana laboral de cinco días, con fines de semana libres y manteniendo el mismo salario que antes para sus empleados.

No fue un salto de fe, sino una estrategia delimitada por la investigación y la prueba.

"Ahora sabemos, por nuestra experiencia en cambiar la jornada de seis días laborales a cinco y de nuevo a seis, que en menos tiempo podemos producir tanto como en más", escribió Ford entonces.

Era solo un primer paso en su propuesta de transformación de las condiciones laborales que apuntaban a más tiempo de descanso, menos horas de trabajo y, como resultado lógico –o paradójico, según como se le mire–, mayor productividad: "La semana de cinco días no es la última meta, y tampoco lo es el día de ocho horas. Basta con manejar lo que estamos en capacidad de manejar y dejar que el futuro se encargue de sí mismo. Lo hará en cualquier caso. Es el hábito".

Ocio y felicidad = productividad

Un artículo de la revista New Yorker rescata que, en el 2010, Anna Coote, de New Economics –una fundación británica que impulsa cambios en los ambientes y las políticas de trabajo– propuso una idea aún más radical que la de Slim –y en línea con los planes de Ford sobre el futuro–: una semana de 21 horas laborales.

De acuerdo con Coote, un sistema laboral con el mínimo de trabajo ayudaría a solventar una lista de problemas importantes y complejos: la sobrecarga laboral, el desempleo, las altas emisiones de carbono, la baja calidad de vida y la falta de tiempo de esparcimiento y descanso; para cuidar de nosotros mismos, para sencillamente disfrutrar la vida.

Ninguna de estas ideas es fácil de asimilar, sobre todo porque llevamos una vida entera asociando el éxito con trabajar mucho. Pero esto no es necesariamente cierto; más aún, no se siente cierto y eso tiene un peso importante en la salud emocional y psicológica y, sí, en la productividad.

María Konnikova, experta en psicologíca y psiquiatría y autora de New Yorker , explica que cuando los empleados sienten que sus superiores están sacando provecho de ellos y que su empeño no está siendo recomprensado –tanto de forma monetaria como en otros sentidos–, la motivación cae en picada y los resultados en el trabajo son inferiores.

Un estudio citado por Konnikova, realizado por el psicólogo Daniel Skarlicki, reveló que la percepción de los empleados de que están siendo tratados de forma injusta no solo genera emociones negativas sino un deseo de retribución: pa' qué voy a dar la milla extra si siento que me explotan y no me aprecian.

Si un empleado siente que pasa en la oficina más horas de las necesarias, escribe Konnikova, probablemente pasará más tiempo en Facebook, trabajará más lento, se tomará más descansos y llamará más veces a reportarse enfermo.

Una clave para la productividad y la motivación parece estar en sentirnos dueños de nuestro propio tiempo; en sentir que lo que hacemos marca una diferencia. En que importamos.

¿Cómo se relaciona eso con trabajar menos horas? En un aspecto fundamental: cuando somos dueños de nuestro propio tiempo, en lugar de sentir que el trabajo es dueño de nosotros, somos más felices y, al tiempo, mejores en lo que hacemos.

Podría tratarse, en el fondo, de escuchar un adagio viejo pero no por ello menos válido: ¿trabajamos para vivir o vivimos para trabajar?


Fuente: La Nación

lunes, 17 de julio de 2017

Viajar sin maleta

Lo peor de viajar es todo el tema de la maleta, hacer la maleta, facturar la maleta, recoger la maleta et. Incluso aunque sea una maleta de mano que puedas llevar contigo en la cabina del avión es un coñazo.

Decidí hace tiempo que en la medida que me fuese posible viajaría siempre sin maleta. El truco es muy simple: Dos días antes de salir haces un pedido por Internet a una tienda de ropa de tu confianza y que sepas que no te va a fallar, yo uso está, y pides ropa no muy cara que no te importe tirar a la basura cuando te vayas y que te la envien al hotel donde te vas a quedar. Sales de tu casa hacia tu destino con lo puesto, como si salieses de paseo y cuando llegas esta allí todo, Camisetas limpitas, unos pantalones, calcetines. Todo recien comprado esperandote en la recepción del hotel. Lo usas y cuando te vas lo tiras.

jueves, 25 de mayo de 2017

Evaluación de daños ambientales

Este documento puede ser el detonante para la profundización de una temática que quizás está algo alejada de lo que clásicamente se conoce como peritaje y avalúo en la ingeniería. La valoración del daño ambiental es una temática relativamente poco desarrollada en nuestras fronteras, tanto desde el punto de vista técnico como desde el punto de vista legal; ambas deben ir de la mano ya que hay una alta relación simbiótica .

Las conclusiones que se pueden extraer de un texto que abarca con bastante profundidad la valoración económica del daño ambiental desde el punto de vista técnico son múltiples, especialmente para los ingenieros en topografía, como lo son la mayoría de estudiantes del curso de Peritaje y Avalúos de la Universidad Autónoma de Centro América, ya nos permite conocer una manera en que podríamos abordar una valoración de un bien inmueble que haya sufrido de un daño ambiental y el cual también tendríamos que valorar e incluirlo como curación, aunque no estoy seguro de que sea el término correcto.

Al artículo nos da a entender de manera subrepticia quizás, que para poder abordar una valoración de este tipo es necesario capacitarnos en otras temáticas ajenas a nuestra profesión, pero que de alguna manera se relacionan con nuestros quehaceres diarios como gestores del territorio, por ejemplo, en oficinas municipales de planificación urbana o como encargados de sistemas de castastro que, en última instancia, deben tener una visión holística del territorio, no se puede separar el ambiente nunca de estos sistemas ni pensarse como una variable o capa más, porque el ambiente es soporte vital para las actividades del ser humano, es parte inseparable del ecúmene. Por lo tanto, es ineludible que ante esta  situación, nuestro enfoque de lo que debemos o no conocer cambie y ampliemos un poco nuestro universo de conocimientos. Hay que entender un poco mejor sobre biología, biogeografía, geomorfología, hidrografía, edafología, ecología, paisaje, geopedología e inclusive de geografía económica, distribución espacial de las actividades productivas y con ello poder valorar un daño ambiental de manera más precisa.

Este artículo también deja claro que es absolutamente indispensable, sin discusión alguna, el rodearnos ante una situación de valoración del daño ambiental, de un equipo multidisciplinario con el conocimiento necesario en ambiente desde su parcela profesional, permitiéndonos esclarecer los factores que fueron dañados, en qué magnitud e incidencia —tal y como lo especifica el artículo— y que esta valoración se haga de la manera más justa y precisa posible.

Otro tema que a juicio personal reviste de dificultades, es el de conocer con fundamento y con cierta fidelidad el estado inicial del ambiente o de un factor del mismo antes de que se produjese el impacto ambiental que luego deriva en el daño. En nuestro país la única manera de poder conocer este estado originario sería investigando si en la Secretaría Técnica Nacional Ambiental existió una valoración ambiental previa y bajo qué condiciones se otorgó la Licencia Ambiental. En estos expedientes hay registros fotográficos, informes desde la perspectiva de varios profesionales, aunque con la agravante de que no siempre se lleva a cabo un análisis biológico de la propiedad sobre la que se quiere desarrollar un proyecto o actividad, por lo tanto se pierde un punto de vista esencial y básico. La cuestión toma un cariz espinoso cuando no existe la valoración ambiental previa de las oficinas de ambiente en nuestro país, ya que tal y como el texto menciona, no existe un Sistema de Vigilancia Ambiental (SIVA) que dé cuenta sobre el estado de conservación del medio natural, lo que haría que la resolución de un caso de este tipo sea algo único y, por lo tanto, lleno de incertidumbre, lo que lo haría muy dificultoso. De todas formas esto no debe disminuir nuestro ímpetu y siempre existirá la manera de abordar este tema.

Si analizamos la metodología propuesta en el artículo, nos damos cuenta que la misma no hace gala de mayores dificultades, hay que tener una cierta noción de ambiente, de remediación y de valoración económica, pero tampoco es inaccesible: un ingeniero en topografía con cierta pericia podría llevarla a cabo. Hay que tener una poca de creatividad para abordar una valoración de este tipo y tener los contactos adecuados en caso de que nos veamos sobrepasados por una temática en la cual somos neófitos sepamos a quien acudir, pero es algo en al inicio de cualquier temática ocurre y que hemos aprendido a valorar.


Este artículo cumple a cabalidad como primera pincelada del tema. Nos permitirá manejar un vocabulario básico y tendremos una metodología clara que podemos aplicar.

domingo, 16 de abril de 2017

Isaac Asimov

«¿No crees en platillos voladores?», me preguntan. «¿No crees en la telepatía, en astronautas antiguos, en el triángulo de las Bermudas, en la vida después de la muerte?.» Les respondo que no. No, no, no, no y no de nuevo. Una persona, desesperada por la letanía de negación sin cesar, me preguntó entonces si creía en algo. «Sí», le dije, «Creo en la evidencia. Creo en la observación, las mediciones, el razonamiento y la confirmación por medio de observadores independientes. Creeré en cualquier cosa, sin importar que tan loca o ridícula, si hay evidencia que la soporte. Mientras más loca y más ridícula, eso sí, más firme y sólida tendrá que ser la evidencia.»

miércoles, 1 de marzo de 2017

Parejas similares

Un estudio reciente tira por abajo la creencia, que los polos opuestos se atraen, puede suceder, pero una mayoría prefiere a individuos similares, revelaron últimos estudios sobre el particular

En el imaginario popular ha imperado por mucho tiempo la idea de que mientras más diferente sea una persona, más atractiva resulta. Eso ha hecho pensar que el tímido se enamora del extrovertido, el tacaño del botarate y el pasivo del líder. Pero recientemente se ha demostrado que esa teoría no tiene asidero científico y que funciona en la física, pero no en el amor.

“Los opuestos se pueden atraer, pero eso no asegura un gran ni duradero matrimonio”, dice Karl Pillermer, profesor de desarrollo humano de la Universidad de Cornell. Luego de entrevistar 500 parejas casadas durante más de 40 años, el catedrático encontró que “es más factible que su vínculo dure si usted y su pareja son fundamentalmente parecidos”.

Un estudio realizado por expertos del Wellesly College confirmó ese resultado, al encontrar que quienes piensan parecido sienten un magnetismo especial mientras que quienes no comparten las mismas creencias se repelen. Para el experimento, la profesora de psicología Angela Bahn reclutó al azar a 1.500 parejas de casados, amigos y simples conocidos. Les pidió responder un cuestionario sobre sus valores, prejuicios y actitudes, así como sus rasgos de personalidad. Encontró que todos los participantes tenían visiones similares de la vida, aún aquellos que se habían conocido por poco tiempo. Es tan común esta inclinación que se trataría de “una condición psicológica de base”, dice Bahn.

El rango de las similitudes es extenso. Los científicos han encontrado que un individuo prefiere como pareja a alguien similar a sí mismo en términos de religión y valores. Igualmente, las mujeres económicamente exitosas quieren esposos que ganan tanto como ellas y las más bonitas eligen a los más apuestos. “La gente cree que los hombres dulces y tiernos se quedan con las niñas más bonitas, pero en la realidad los más simpáticos se emparejan con las simpáticas y los bellos con las bellas”, dice la socióloga Elizabeth McClintock, de la Universidad de Notre Dame, quien ha investigado a profundidad el tema.

Tampoco es cierto que las parejas sigan el principio del intercambio de atributos (‘Tú me das belleza, yo te doy estatus’) como sugiere el mito del hombre rico y la mujer bonita, señala McClintock. A excepción de algunos como Donald Trump, quien está casado desde hace 11 años con una hermosa modelo de extracción humilde de Eslovenia, en el mundo real las relaciones basadas en este tipo de trueque no duran porque la fuerza dominante es la coincidencia. McClintock señala además que se cree que los hombres feos se casan con mujeres más bonitas, pero eso es solo porque en promedio ellas son más bellas que los hombres. Sus estudios han concluido que la gente tiende más a buscar compatibilidad y compañía que a hacer este tipo de trueques. Por eso es menos frecuente ver el intercambio de bondad por belleza, humor por seriedad, intelectualidad por practicidad, sino más bien por rasgos parecidos a los propios.

La sincronía se observa en rasgos como la inteligencia, la talla e incluso el peso corporal. Un estudio publicado recientemente en Nature Human Behaviour hecho con 24.000 parejas de casados encontró que estas no se forman por accidente, sino por similitudes en sus marcadores genéticos. Los investigadores postulaban que si el perfil genético sugería que el individuo era alto su pareja también debía serlo. Luego de analizar los datos lo confirmaron: “La gente escoge como par a otros que tienen genes similares a los suyos”, reportó el grupo de la Universidad de Queensland a cargo del estudio.

Esta evidencia sugiere que los seres humanos usan la estrategia de emparejamiento selectivo, una forma de selección sexual en la que los individuos con rasgos similares se juntan más que por simple azar. Otros animales como el azulejo y las ranas toro del Japón lo hacen. Las ranas más grandes, por ejemplo, se aparean con otras similares mientras las más pequeñas se reproducen con las de su talla. De esta forma, una especie aumenta las opciones de supervivencia pues las familias mantienen un mismo perfil genético que les dará ventaja en caso de que sus rasgos tengan beneficios en términos evolutivos.

Casarse con alguien parecido también tiene ganancias prácticas, según Chris Crandall, profesor de psicología de la Universidad de Kansas, pues un individuo necesita un microcosmos en el que se sienta cómodo y pueda confiar en gente que le ayude a cumplir sus metas vitales. “Para tener éxito en ello la similitud es muy útil y por eso la gente siente una atracción hacia otros que se le parecen”, dice.

Esto no quiere decir que no sea provechoso acercarse a gente diferente. A veces la diversidad puede darle sabor a una relación, pero, según el consejero matrimonial Álvaro Sierra, algunas diferencias permiten a la pareja amarse sin problemas, como, por ejemplo, que uno sea bailarín y rumbero y el otro no. Pero en otras no hay espacio para negociar, como en los valores y principios más cercanos al corazón: “Si yo tengo un profundo sentido de la honradez seré capaz de identificarla en el otro y amarlo por eso. En contraste, difícilmente me podré enamorar de alguien que robe o no comparta ese valor”. Para la psicóloga Vinita Mehta, entre esos aspectos están además la religión, la orientación política, la inteligencia e incluso la edad.

Estar atento a esos rasgos antes de casarse es importante. Bahn encontró que la gente difícilmente modifica sus creencias y principios, lo que sugiere que están equivocados quienes se casan con la esperanza de que su pareja algún día cambie. “Aunque ambos en una relación se influencian, se ha podido identificar que en el campo de la personalidad, las actitudes, los valores y una selección de comportamientos no hay grandes transformaciones con el tiempo”, señala la experta. Sierra agrega que esto sucede porque “no se pueden cambiar o la gente no está dispuesta a renunciar a ellos”.

El consejero señala otro aspecto en el que se pueden prever problemas: las diferencias de nivel social, crianza y conocimiento intelectual. Un estudio hecho en 2014 por un grupo de economistas encontró que las personas mejor educadas tienden a casarse con otras del mismo nivel académico y viceversa. “No es un capricho. Esa diferencia realmente dificulta la convivencia”, señala Sierra. Otro trabajo, hecho por Nathan Hudson y Chris Fraley, de la Universidad de Illinois, encontró que cuando hay coincidencia en rasgos como simpatía y estabilidad emocional las parejas están mucho más satisfechas en sus relaciones. Sin embargo, compartir la extroversión, la amplitud y la meticulosidad no influencia la felicidad en la pareja.

Algunos argumentan que vivir con otros muy parecidos solo puede generar uniones aburridas y poco duraderas como la de Brad Pitt y Jennifer Aniston, cuyo parecido llegaba hasta lo físico. De hecho, en el estudio de Pillermer, algunas de las parejas de más de 40 años de casados señalaron que ciertas diferencias hacían la relación más divertida, como cuando uno tiene sentido del humor y el otro no. Pero la sincronía en ciertos aspectos de la vida es importante porque “evita la mezquindad, la lucha de poder y las peleas por tener la razón”, dice Pillermer. Y teniendo en cuenta que un tema álgido en las relaciones es el manejo del dinero, aconseja que, ya sea generoso o austero, “hay que casarse con alguien que le entienda eso”.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Calistenia de la palabra

POR JACQUES SAGOT

En su acepción etimológica, la calistenia es una variedad de gimnasia destinada a formar cuerpos sanos y, más aún, bellos. Cuando aludo a la noción de “calistenia pensamental” combino un cultismo derivado del griego (“calistenia”) y un neologismo creado por nuestra Yolanda Oreamuno (“pensamental”).

La calistenia pensamental sería, así pues, un método para tornear bellamente nuestras ideas y su formulación verbal. Con una belleza que es subproducto del coeficiente de verdad que encapsule. Asumiremos que el decir bello y el decir verdadero son lo mismo: es verdadero por cuanto bello, y bello por cuanto verdadero.

En tanto que escritor me he sometido con frecuencia a este ejercicio: no consignar una frase, por simple que parezca, en la cual no sea capaz de proporcionar una definición exacta de cada palabra o signo empleados (incluidos los artículos, preposiciones, interjecciones, los más comunes sustantivos o adjetivos, y aun la puntuación).

Lo que he descubierto es perturbador, pero harto higiénico: stricto sensu, si tuviese que dar razón de cada término que convoco, me vería por poco confinado al mutismo.

Precisión. La práctica es, empero, saludable: me obliga a un máximo de precisión, a una responsabilidad suprema en el ejercicio de la palabra. Es una gimnasia conceptual que yo impondría en todas las escuelas del mundo –particularmente en mi lobotomizada Costa Rica–.

Un ejemplo. Dice usted: “en mi opinión, la sociedad capitalista es esencialmente injusta”. Muy bien: es sin duda una hipótesis digna de seria consideración. ¿Qué es “en”? ¿Qué es “mi”? ¿Está usted, para empezar, seguro de poder en este caso emplear el pronombre posesivo? ¿Quién piensa por nosotros cuando creemos pensar? ¿Qué es una “opinión”? ¿En qué diferiría de una convicción, un parecer, una certeza, una intuición, un acto de fe, una sospecha, un sentir, un dogma? Proponga definiciones de los términos enumerados.

Seguimos. ¿Qué es “sociedad”? ¿De qué maneras ha sido esta conceptualizada por los más importantes pensadores de la historia? ¿Cómo se modifica cuando la sociología hace su aparición como una de las ciencias humanas? ¿Qué es el capitalismo? ¿Cabe hablar de uno solo? Si tal no es el caso, ¿cuáles han sido sus distintos avatares, a partir del Renacimiento? ¿Sabe usted siquiera qué diantres es el Renacimiento? Más aún: ¿está usted seguro de que es en ese período histórico donde aparece como fenómeno hasta entonces inédito?

Pero un momento: las cosas tienen dos “nacimientos”: el fáctico –cuando el hecho acontece– y el teórico e histórico –cuando es teorizado–: hablar de “capitalismo” en tiempos de los Médicis hubiera sido un anacronismo: la noción de capitalismo coaguló históricamente mucho después.

¡Y no hablemos de su problemático adverbio “esencialmente” –uso el adjetivo tal cual lo definió Aristóteles, distinguiéndolo del juicio apodíctico y el juicio asertórico–! Esa es una noción que –se lo aseguro– le va a resultar en extremo elusiva. ¡“Esencialmente”! ¿Se da usted cuenta de la abismal dimensión de este término, de todo lo que se le ha hecho significar?

Finalmente, el dictamen “injusto” lo perderá por los andurriales de la justicia, y tendrá usted que refrescar sus lecturas de Platón, Aristóteles, Spinoza, Kant, Rousseau, Nietzsche, Rawls, pasar revista a la ética implícita en diversas religiones, revisar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, amén de escrutar su propio corazón y reconstruir el panorama retrospectivo de su peripecia vital.

Pensamiento. Así pues, comience por intentar este ejercicio práctico, y después hablamos. Entretanto, guárdese sus vagos, desustanciados y vaporosos pronunciamientos hechos de lugares comunes, prejuicios (lo que precede al juicio) e ideas recibidas, jamás cribadas por el espíritu crítico.

Pensar es, en primerísimo lugar, saber de qué malditas palabras se sirve uno para ello. Porque lo más difícil de aceptar es justamente eso: se piensa desde la palabra. Quien le teme a la palabra –de manera eminente, a la palabra rara, desconocida– también le tendrá miedo al pensamiento.

El pensamiento se articula e incardina en la palabra. Como un poeta que cincela su verso, debemos ser capaces de dar razón hasta del último fonema que empleemos, al formular un concepto, una opinión, así no fuese más que un inofensivo parecer.

No tenemos que poner a prueba tal método con pensamientos preñados de nociones abstractas y problemáticas: ya habrá tiempo para ello.

Comencemos por ponernos una meta simple: “tengo hambre”. ¿Soy yo quien tiene hambre o es en realidad un mandato social que me instruye comer a determinada hora? ¿Quién es el que tiene hambre, cuando ese ventrílocuo que me acciona pone tales palabras en mi boca? ¿Será más bien que quiero tener hambre, por cuanto es una necesidad de cuya satisfacción tengo absoluta garantía? ¿Estaré cultivando, “saboreando” mi hambre para mejor saciarla? ¿Me habré convertido en un “degustador” del hambre –es decir, del deseo– más bien que de comida –su satisfacción–?

Pero, ¿puedo siquiera afirmar que la sensación que me embarga es realmente “hambre”? Podría no ser más que un antojo, un capricho pasajero, el producto de alguna imagen que coaguló en mi mente al ver, inadvertidamente, una valla publicitaria en la que se anunciaba un restaurante de hamburguesas.

Por otra parte, entre la saciedad –el blanco absoluto– y la necesidad –el negro absoluto–, se estruja la infinita gama de los grises. Además del hambre están el apetito, la gana, la avidez, la gula, la glotonería, la bulimia, la insaciabilidad, la gazuza, el antojo, la mera ocurrencia… Ninguna de estas palabras es sinónimo de las otras. Debe usted escoger el vocablo –¡solo hay uno!– que mejor exprese su sentir, le mot juste , el término que por su sema (significación) designe con mayor exactitud lo que queremos decir, pero también aquel que por su sonoridad, por su musicalidad, evoque más fielmente nuestro objeto.

Un ejemplo. “Hambre” es una palabra brutal, paroxística, visceral, desesperada, primal y posiblemente trágica. Apetito, en cambio, es el hambre serenada por la inminencia de su satisfacción, un hambre administrada y disciplinada, cosa de gourmets.

Ejercicio de discernimiento. Pensar, hablar y escribir son, en lo sustantivo, formidables ejercicios de discernimiento permanente: optar por una palabra, descartar todas las demás. En cada momento, dado que tenemos una sola elección que puede considerarse correcta. Lo demás es mera aproximación.

El pensamiento y la palabra están vinculados por lo que Edgar Morin describiría –de manera algo intimidante– como “causalidad organizacional recursiva”. Esto significa que el pensamiento produce la palabra tanto como la palabra produce el pensamiento.

Ahí los dejo con mi “calistenia pensamental”. Pónganla en práctica con los más simples conceptos y verán cómo se les problematiza la expresión: ¡signo harto saludable!

La palabra es una adequatio ad res, una materia elástica que se va adhiriendo a la superficie de la realidad, como la plastilina, adoptando sus formas y aun mimetizando sus vacíos.

Ustedes decidirán si la quieren empuñar con mano recia y amorosa de poeta-guerrero o si prefieren manosearla obscenamente y luego masacrarla, tal el caso del pachuco, el naco, el zafio que la ha secuestrado y al día de hoy detenta su monopolio.

lunes, 23 de enero de 2017

Enfermedad de la prisa

Los cardiólogos Meyer Friedman y Ray Rosenman acuñaron el término "Hurry Sickness”, o “enfermedad de la prisa” en español, después de notar que muchos de sus pacientes sufrían de un sentimiento de urgencia todo el tiempo. Si bien no está catalogado como una enfermedad independiente todavía, la definieron como "un patrón de comportamiento caracterizado por una lucha continua y un intento incesante de lograr hacer más y más cosas en cada vez menos tiempo”. En resumen, es es mezcla de ansiedad, estrés y sentimientos continuos de urgencia que forman un ciclo vicioso adictivo.

No se requiere ser una persona ocupada

Si te digo que comer el almuerzo en el escritorio y al mismo tiempo revisar el correo electrónico o hablar por teléfono es uno de los síntomas, lo normal es suponer que hablo de una enfermedad propia de altos ejecutivos o algo por el estilo, pero realmente no se requiere ser una persona ocupada. Cuando desarrollas la enfermedad de la prisa, te vuelves una persona ocupada precisamente porque actúas así, como si lo fueras.

Se hace un comportamiento por defecto hacer siempre otra cosa mientras. Incluso al mismo tiempo que te cepillas los dientes o lees, quieres hacer otra cosa más a la vez. Cuando el microondas calienta durante 30 segundos, sientes la necesidad de buscar otra cosa que hacer mientras esperas. Mientras esperas 30 ridículos segundos, sí. Sólo esperar no es productivo y los afectados no saben simplemente no hacer nada. Las personas con enfermedad de la prisa piensan rápido, hablan rápido, actúan rápido y buscan qué hacer aún más rápido.

Una señal segura de que eres un afectado es "pulsar repetidamente el botón de cambiar a verde en un semáforo“, dice Richard Jolly, profesor en London Business School y coach ejecutivo. "La mitad del tiempo, esos botones no están ni siquiera conectados a nada, excepto tal vez una bombilla —son lo que se llama placebos mecánicos—. Pero incluso si funcionaran, ¿cuánto tiempo ahorrarías? ¿Cinco segundos?”.

Entre otros síntomas está pasarse de una cola otra porque se ve mínimamente más corta, la necesidad de estar siempre disponible para el trabajo, dormir con la ropa puesta para ahorrar tiempo por la mañana, practicar multitarea hasta el punto de olvidar las tareas y, sobre todo, siempre buscar más que hacer. Este último punto es lo más importante pues, quien tiene la enfermedad de la prisa, siente una la constante necesidad de hacer más y más rápido, incluso cuando no hay ninguna razón objetiva para tener prisa. Y cuando no hay en absoluto ninguna razón, la busca. Por ejemplo, se apunta a clases de baile, al gimnasio, va a reuniones de lectura o a un grupo de senderismo, todo sobre su agenda actual para que, intencionadamente, se desborde.

En primera instancia, podría parecer que no es un problema disfrutar con estar ocupado, sin embargo, aunque las ocupaciones sean autoimpuestas e incluso a veces poco importantes, el sujeto siente el mismo estrés que sentiría con obligaciones reales. Su mente permanece bloqueada en un estado de sobre-estimulación, que le produce cansancio, ansiedad y tendencia a la irritabilidad, que lo vuelve incapaz de relajarse. Eventualmente, la enfermedad de la prisa realmente puede hacer que el sujeto se enferme como alguien con estrés del común, ya que igualmente aumenta la producción del cuerpo de cortisol, que suprime el sistema inmunológico y se ha relacionado con enfermedades del corazón.

Para evitar el mal de prisa, lo primero es ser firme al momento de decidir qué tareas asumir y a cuáles decir que no. Priorizar, evitar la multitarea, aprender a retrasar los impulsos de trabajar cuando no debes y sobre todo, aprender a no hacer nada de vez en cuando. Parecen estrategias ridículamente simples, pero funcionan para disfrutar aquello llamado tiempo libre que hemos olvidado usar.

El Estudio sobre Desarrollo Adulto* comenzó en 1938 con 700 hombres jóvenes, algunos de la prestigiosa universidad, otros de barrios pobres de Boston.

Y acompañó a lo largo de su vida a esos individuos, monitoreando su estado mental, físico y emocional. La investigación continúa ahora con más de mil hombres y mujeres, hijos de los participantes originales.

El actual director del estudio, el cuarto desde su inicio, es el psiquiatra estadounidense Robert Waldinger, quien también es maestro zen.

La charla TED que Waldinger dio sobre el proyecto, "Qué es una buena vida: lecciones del estudio más prolongado sobre la felicidad", se volvió sensación en internet y ya fue descargada más de 11 millones de veces.

"Hay muchas conclusiones de este estudio", dijo Waldinger a BBC Mundo. "Pero la fundamental, que vemos una y otra vez, es que lo importante para mantenernos felices y saludables a lo largo de la vida, es la calidad de nuestras relaciones".

Conectados

"Lo que encontramos es que en el caso de las personas más satisfechas en sus relaciones, más conectadas a otros, su cuerpo y su cerebro se mantienen saludables por más tiempo", señaló el académico estadounidense.

"Una relación de buena calidad significa una relación en la que te sientes seguro, en la que puedes ser tú mismo. Claro que ninguna relación es ideal, pero esas son cualidades que hacen que la gente florezca".

En el otro extremo, está la experiencia de soledad, un sentimiento subjetivo de estar menos conectados de lo que nos gustaría.

"¿Estoy haciendo cosas que tienen un significado para mí? ¿Estoy haciendo cosas que me hacen sentir que importo en el mundo? Éstas son las preguntas que nos planteamos cuando hablamos de felicidad", señaló Waldinger.

"No hablamos de estar contentos en cada momento, porque eso es imposible y todos tenemos días, semanas o años difíciles".

En cuanto a la fama o el dinero, "no es que sean malos, hay gente famosa feliz y gente famosa infeliz".

Lo mismo con el dinero. Pero el estudio muestra de acuerdo al académico que más allá de un nivel en que nuestras necesidades están cubiertas, un aumento en el ingreso no necesariamente nos hará felices.

"No estamos diciendo que no puedas proponerte ganar más dinero o estar orgulloso de tu trabajo y que otros lo noten. Pero es importante no esperar que tu felicidad dependa de esas cosas".

Registros médicos

Los participantes del estudio respondieron a lo largo de décadas cuestionarios sobre su familia, su trabajo, su vida en la comunidad. "También tuvimos acceso a sus registros médicos, por lo que evaluamos su salud no sólo según lo que ellos decían sino lo que sus doctores e historial medico decían", explicó.

"Cuando comencé a trabajar en el estudio en 2003 grabamos videos de los participantes hablando con sus esposas sobre sus preocupaciones más profundas. Y enviamos preguntas a los hijos sobre la relación con sus padres".

Los participantes también se realizaron exámenes de sangre para determinar múltiples indicadores de salud, e incluso análisis de ADN.

"Algunos nos permitieron escanear su cerebro, y en algunos casos donaron su cerebro para que pudiéramos estudiarlo en conexión con todos los otros datos que ya teníamos sobre su vida".

"En mi propia vida"

Cuando la charla de Waldinger se volvió viral, el académico optó por un retiro en silencio durante tres semanas. "La tradición Zen sostiene que la contemplación nos ayuda a mantenernos con los pies en la tierra y centrados en lo que es más importante en la vida", escribió en ese entonces.

Para dar respuesta al enorme interés del público, el académico creó un blog en internet sobre el estudio, robertwaldinger.com

La investigación ha tenido un impacto profundo en la vida de Waldinger. "Me ha hecho poner más atención en mis propias relaciones, no sólo en casa sino en el trabajo y en la comunidad", señaló a BBC Mundo.

"Me di cuenta que mis relaciones me dan energía cuando invierto en ellas, cuando les dedico tiempo. Se vuelven más vivas y no agotadoras", agregó.

"La tendencia social es aislarnos, quedarnos en casa para la televisión o estar en redes sociales, pero en mi propia vida me he dado cuenta que cuando estoy más feliz es cuando no estoy haciendo eso".

Ofrecer nuestra presencia

Invertir en una relación para Waldinger significa estar presente. "Esto está en mi vida como practicante Zen. Lo que noto es que cuando ofrecemos nuestra atención indivisa y completa nos sentimos más conectados unos a otros, y esto también sucede en el trabajo", agregó.

"No se trata de pasar más tiempo en el trabajo, sino de poner más atención en el otro, de conectar más con los otros, en lugar de dar por descontado que el otro siempre está allí".

Conflictos

Waldinger reconoce que puede ser difícil no perder de vista lo que realmente importa.

En parte esto se debe a que recibimos mensajes de nuestra cultura todo el tiempo, con anuncios de publicidad que nos dicen cada día que si compramos algo seremos más felices o nos amarán más.

"Y en los últimos 30 o 40 años se ha glorificado la riqueza, hay billonarios que son héroes sólo porque son billonarios. Esta medida parece más fácil, porque las relaciones son difíciles, cambian, son complicadas".

¿Cuál es el mensaje final de Waldinger? "Les diría que traten de ver si pueden tender un lazo hacia otras personas. Y es particularmente importante hacerlo hacia aquellas con quienes tienen algún conflicto".

El estudio ha dejado en claro algo que vale la pena recordar, según el psiquiatra estadounidense. "Los conflictos realmente minan nuestra energía. Y quiebran nuestra salud".

Fuente: BBC

jueves, 19 de enero de 2017

Productividad y calidad al estilo Japonés

Don Carlos Kasuga Osaka, Director General de la empresa Yakult, dictó una Conferencia titulada: “Productividad y calidad al estilo Japonés”. De una apariencia simple y amable, Osaka se ha dedicado en los últimos años a compartir su experiencia y aconsejar a jóvenes y empresarios, dentro de sus discursos podemos rescatar estos increíbles consejos que no solo sirven para crear empresas exitosas, sino también ver la vida de otra forma.

La conferencia tuvo una duración de casi dos horas, en la cual abordó temas de reflexión que nos motivan a ser mejores personas. De la conferencia se rescatan los puntos siguientes:

Bien Ser

“Debemos ser puntuales, ser honestos, ser trabajadores, ser disciplinados, ser cariñosos… El principio fundamental es el respeto. Si no es tuyo debe ser de alguien… por ejemplo: si este anillo te lo encontraste y no es tuyo debe ser de alguien, entonces devuélvelo! … si te encuentras una billetera y no es tuyo debe ser de alguien… si te encuentras en una fiesta a una señora y no es tuya, debe ser de alguien…”

Bien hacer

“Todo lo que hagas, hazlo bien… si te vas a levantar hazlo bien, si te vas a vestir hazlo bien, si te vas a despedir de tu familia hazlo como si fuera el último saludo… es hacer las cosas bien”. Las personas que dan más de lo que reciben, a su familia, a sus hijos, a sus trabajadores, a sus empleados, a su sociedad, van a llegar al tercer paso: el bien estar”.

Bien estar

“Este paso es sinónimo de felicidad, porque diste lo mejor de tí a toda la gente con la que tuviste la fortuna de tratar en el día de hoy”.

Siguiendo los tres pasos: bien ser, bien hacer y bien estar… tarde o temprano nos llevarán al “bien tener”.

Bien tener

“Recuerden: no busquen tener el bien tener rápido y fácil sin hacerlo bien y mucho menos sin sentirlo bien. El bien tener es el resultado de desarrollar los tres pasos anteriores: el bien ser, bien hacer y bien estar”. 

Los Nikkei

También hay lugar para una definición de los Nikkei: Somos hombres 120% con lo mejor de Japón y el país de nacimiento.. 60% japonés y 60% del país donde nacimos. Somos pequeños embajadores de Japón en el país donde nacimos y residimos. De la misma manera, somos embajadores de nuestros países de procedencia ante el Japón.”

Educación

Carlos Kasuga se refiere a la importancia de la educación:

“Mi padre me enseñó: si quieres riqueza para tí y para toda tu gente que te rodea, siembra en ellos educación.

En latinoamérica nos preocupamos solamente por la educación del conocimiento y por las calificaciones. Lo que nos hace falta es una educación formativa, es decir una educación de valores.

Y si nuestros gobiernos no pueden pagarles más dinero a los maestros, es nuestra obligación brindarles a ellos muchos sueldos moral, sueldo moral de agradecimiento, de reconocimiento, de profunda gratitud”.

Limpieza

“Otro de los problemas es la falta de la higiene, de la limpieza. Debemos enseñar a la niñez, a nuestra gente, a nuestros empleados, a nuestros trabajadores, que la virtud más noble que tiene el ser humano es la limpieza. Es muy común ver a empresarios, ejecutivos, directores, jefes que tienen baños privados, espejos relucientes, jabones perfumados, toallas blancas… mientras el baño del trabajador es un verdadero cochinero… ¿ Ustedes creen que el trabajador no tiene dignidad ?… no tiene sentimiento ni orgullo?… es así que al ver esta diferencia, el trabajador no se llega a poner verdaderamente la camiseta de su empresa”.

Buen ejemplo

“Los jefes, directores ejecutivos, empresarios, ponemos reglamentos como los que se vá a sancionar al trabajador que llegue diez minutos tarde.

Es así, que muchas veces, estos altos ejecutivos llegan a bordo de su BMW una hora tarde y nadie dice nada. Mientras que el pobre trabajador que se levantó tempranísimo, caminó ocho cuadras, tomó el colectivo después de minutos de espera, soportó el calor y la incomodidad con otras personas y por un accidente imprevisto en el camino llegó 1 minuto tarde y lo sancionaron ! … ¿ Cómo creen que se siente el pobre trabajador ?… rabia, injusticia e impotencia seguramente serán algunos sentimientos que aflorarán ante este hecho. El buen jefe, buen director, buen empresario debe ser el primero en llegar y el último en irse… el ejemplo arrasa, el ejemplo causa admiración, el ejemplo es lo que crea la disciplina de un pueblo, de una empresa, de una nación… el buen ejemplo”.

Valores

“Cuando estaba estudiando la carrera de contador público iba a la Universidad temprano. En el camino les compraba el periódico a los jóvenes que los vendían en la calle. Les daba un billete de 100 pesos y como costaba unos 50 centavos me tenían que regresar $ 99.50.. pero al no tener cambio, les decía que me los regresen a mi vuelta del trabajo. Muchos no lo hicieron, pero los que sí lo regresaron son los que actualmente tienen un porvenir, son ellos los actuales ejecutivos y directores de mi empresa y tienen todo el confort y bienestar económico. Por eso digo que en latinoamérica con su gente se puede, siempre que le des educación formativa.

Para qué quieres en tu empresa un contador, un ingeniero, un licenciado con dos maestrías, si no es honesto, si no es puntual, si no sabe trabajar en equipo, mientras más años lo tengas en la empresa más daño te vá a ocasionar. Los valores no tienen precio. Pero es lo que hace al ser humano, a las empresas grandes.

Responsabilidad y esfuerzo

“Se suele escuchar como nuestros trabajadores, nuestros alumnos, nuestros hijos, muchos de nosotros decimos: se rompió, se cayó, se perdió… pero cuando se pregunta quién lo hizo ?… nadie se hace cargo.

Otro ejemplo… cuando se le pregunta a una persona: no aprendiste inglés ?… la persona responde: no me lo enseñaron. Cuando la respuesta podría ser: porque no quise aprenderlo”.

“Si quieren ser libre, si quieren volar alto, y si quieren triunfar en la vida… van a tener que develarse muchas noches, sacrificar muchos fines de semana, esforzarse.

Si esperan que se los dé papá gobierno, si esperan que se los dé el patrón o esperan que se los dé alguien… les digo que los felicito, porque estarán haciendo una vida de elefante de circo, de hacer lo mismo todos los días”.

Como en la religión

“Como en la religión, Japón y los países latinoamericanos somos diferentes… mientras que en Japón los fieles van a los templos a ofrecer, en este lado del mundo los peregrinos van a pedir y esperar. Y esto se repite a nivel empresarial: los sindicatos latinoamericanos presentan pliegos de peticiones (mayores sueldos, más vacaciones, más aguinaldo, etc.), mientras que los sindicatos nipones presentan pliego de ofrecimientos (ofrecemos bajar el nivel de error, ofrecemos mayor producción en menor tiempo, etc. … objetivos que cumplidos, terminan en premiar a los trabajadores con beneficios en sueldos, vacaciones y aguinaldos, entre otros)… que pequeña, pero gran diferencia !”.

El triunfador en esta vida, tarde o temprano siempre será el que dá y no, el que pide.

Por eso podemos decir: el que cumple sus obligaciones y dá más de lo que puede, convierte su mundo en un paraíso; el que sólo pide y sólo exige, convierte su mundo en un infierno. Y Siempre hay que tener en cuenta de hacer las cosas con el kimochi, o sea con el sentimiento, con el corazón”.

Principios de la naturaleza

“En Japón las personas están educadas sobre los principios de la naturaleza. Ellos comparan las estaciones del año con las diferentes etapas de la vida:

Primavera: desde el nacimiento hasta los 20 años de edad. Durante este período la persona tiene la obligación de crecer tanto física, moral y espiritualmente, tratando de alcanzar su máxima plenitud.

Verano: desde los 20 hasta los 40 años de edad. Es una época frondosa. Casamiento, hijos, trabajo, tiempo libre.

Otoño: desde los 40 hasta los 60 años de edad. Cambia el cuerpo, cambian los estados emocionales, etc. Nos damos cuenta que estamos envejeciendo.

Invierno: desde los 60 años en adelante. Lo importante es llegar bien a esta etapa, con una jubilación óptima”.

Don Carlos Kasuga termina con mucha emoción sus charlas y remata con un cuento que alguna vez su padre le contó:

Había un bosque muy hermoso, donde vivían muchos animalitos. De repente, este bosque se empieza a incendiar y todos los animalitos empiezan a huir. Sin embargo, un gorrioncito se queda allí: vá al río, moja sus alitas, vuela sobre las llamas del incendio y deja que una o dos gotitas de agua, tratando de apagar el incendio. Pasa un elefante y le grita: gorrioncito no seas tonto !, huye como todos !… ¿ no ves que te vas a quemar ?…

Y el gorrioncito se voltea y le dice: No !, este bosque me ha dado todo, familia, alimento, amigos; pero por sobre todo felicidad… y no me importa morirme, por simple lealtad voy a tratar de salvar a mi bosque.

Y así; vá al río, moja sus alitas, vuela sobre las llamas del incendio y deja que una o dos gotitas de agua vuelvan a caer sobre el incendio.

Ante esta actitud, los dioses se compadecen de él y deja caer una fuerte tormenta y el incendio felizmente se apaga.

Y este bosque vuelve a reverdecer y florecer. Todos los animalitos regresan y vuelven a ser felices, más felices de lo que eran

Concluye:

A este bosque yo lo comparo con mi México Tal vez estemos en un gran incendio económico, social y político. Pero por favor les pido a todos y a cada uno de ustedes, por favor sean como ese gorrioncito y que todos los días dejen caer una o dos gotitas de sudor, de trabajo y de estudio… y si así lo hacen, México se los agradecerá y Dios los bendecirá.

miércoles, 18 de enero de 2017

Ley de 2 pasos para decir no

“No puedes mantener el control de tu tiempo sin decir que no. No debes dejar que la gente anteponga su orden del día a tu vida" — Warren Buffett.


Warren Edward Buffett es un inversor y empresario estadounidense, considerado uno de los más grandes inversores en el mundo. De hecho, todo el 2016 ocupó la tercera posición en la lista de hombres más ricos de Forbes y en las inversiones ya ha ascendido a mito: lo llaman el «Oráculo de Omaha» por su facilidad para entrar en negocios que suben como la espuma. En lo personal es conocido por su austeridad, a pesar de su inmensa riqueza, por ser un gran filántropo y por su agenda, frecuentemente libre.

Warren dijo una vez: "La diferencia entre las personas de éxito y los demás es que la gente realmente exitosa dice que no a casi todo”. Dado que, como hemos visto, a los 86 años de edad está considerado como una de las personas más ricas y de mayor éxito del mundo, podemos suponer que algo sabe al respecto y tomar en serio el consejo.

Cuando pensamos en las personas que logran cosas grandes, por lo general, adjudicamos la culpa a todas las cosas que hacen. Pero la simple verdad detrás de esto es que, necesariamente, junto con cada logro notable viene una larga lista de cosas que no hicieron. Pero nosotros, donde me incluyo, queremos hacer todo lo posible. Al mismo tiempo que queremos viajar por el mundo, tener una carrera de éxito, aprender un nuevo idioma y remodelar la casa, esperamos salir de copas con amigos los viernes por la noche, encontrar el amor de nuestra vida y correr una maratón este invierno. No es que todo esto no sea posible para una sola persona, lo es. Pero probablemente sea difícil todo a la vez.

Cuando se presenta alguna oportunidad, es casi imposible ignorar la voz en nuestra cabeza que se pregunta: ¿y qué pasa si una oportunidad como esta nunca ocurre de nuevo? Otras veces las personas también dicen "sí" por miedo de decepcionar a otros. Al final, en suma, decimos que sí a casi todo.

Según Business Insider, un día Buffett le dijo en broma a su conductor Steve: el hecho de que aún estés trabajando para mí, significa que no estás luchando por tus sueños. Y para ayudarlo con ello, Buffett le pidió que hiciera una lista de las 25 cosas más importantes que quería lograr en su vida. Y a continuación, que eligiera las cinco más cruciales.

Después, preguntó: “¿Qué pasa con las otras 20 cosas de su lista?" Y Steve le contestó: "Bueno, las cinco primeras son mi objetivo principal, pero las otras vienen en segundo lugar y siguen siendo importantes. Voy a trabajar en ellas intermitentemente en el tiempo que quede de mi top cinco. No son tan urgentes, pero todavía quiero darles esfuerzo”.

Buffett esperaba que dijera eso y le explicó el problema: “Lo estás entendiendo mal, Steve. Todo lo que no has puesto en el top cinco, pasa a ser tu lista de cosas a evitar a toda costa. No importa cuáles sean, esas cosas no reciben atención hasta que has tenido éxito con su top cinco. Si hubieran sido más importantes, estarían más arriba”.

Parece que en lugar de querer acapararlo todo, hay que poner todo el esfuerzo en la consecución de las cinco cosas más importantes antes de pensar en pasar a las demás. ¿Por qué? Estos veinte artículos, junto con muchas otras oportunidades que podrán surgir, ahora son simplemente distracciones que impiden llegar a lo que realmente importa, y lo que realmente importa lo indica la lista. La simplicidad es la clave del éxito aquí. Un proyecto totalmente terminado es mejor que cinco o más a medio terminar.

Parece un consejo simple, pero promete ser muy poderoso. Al final, el éxito se trata básicamente en averiguar tus prioridades —y ajustarse a ellas— porque todos tenemos la misma cantidad de tiempo, lo que hace la diferencia es la forma en la que elegimos utilizarlo.

viernes, 6 de enero de 2017

Qué nos hace felices

Es posible que ante la pregunta que aquí nos ocupa las respuestas varíen mucho de persona a persona. Para algunas, la felicidad se encuentra en los pequeños placeres; para otras, es una meta inalcanzable y para otras el resultado de grandes momentos o bien una rara avis en el transcurso de la vida.

Si bien es cierto que la felicidad es un factor que depende de cada persona, también es cierto que lo que nos hace felices se puede enumerar y, además, parece haber consenso, hasta ahora, de lo que se ha concluido a través de años de estudios.

Spoiler: no es el dinero

Muchas veces el poseer dinero se ha equiparado con el nivel de felicidad de las personas, pero no hay nada más equivocado. Parece ser que los billetes no son ni la fuente de la felicidad, ni el camino hacia ella, ni aseguran la felicidad de quien los posee. Por el contrario, es posible que un cambio significativo en la posición económica, por ejemplo: las personas que ganan la lotería, luego de la euforia inicial, sean mucho más desdichadas que antes de llevarse el premio mayor a casa.

En diversos estudios sobre la relación de la felicidad y el dinero se ha encontrado que poseer más de éste último no significa necesariamente ser más feliz que otros. Diversas cantidades de dinero se manejan como el "ideal" que nos puede proporcionar mayor bienestar (que no felicidad). Lo importante aquí es considerar el hecho de que si el dinero que ganamos llega a satisfacer las necesidades básicas y un poco más que nos permita darnos algunos gustos, poco abonará a nuestra felicidad a partir de ahí, por el contrario, ganar una cantidad mucho mayor puede generarnos disgustos y estrés. En resumen: "el dinero no es la felicidad", y bien se podría agregar a esta frase "pero cómo se le parece", pero ya vimos que también esto tiene sus matices.

Pero... ¿qué es la felicidad?

Bueno, esta pregunta parece mucho más apropiada antes de lanzarnos en su búsqueda y sin embargo no es fácil de definirse. Corrientes de pensamiento, tradiciones espirituales y demás la han definido de distintas formas: como un estado, una decisión personal, o bien un derecho. Sin embargo, tal vez valga la pena una redifinición de lo que queremos decir con "ser feliz". Y es que, muchas veces al querer decir felicidad nos referimos a cualidades del bienestar: tener salud, oportunidades, libertad. Otras veces ponderamos la felicidad como una meta en la vida cuando lo que queremos tener es la oportunidad de desarrollarnos como personas integrales.

Las percepciones erróneas de la felicidad bien pueden ser motivadas por el bombardeo mediático que ha convertido la felicidad en un producto, además de que dan mensajes sobre el modo de vida ideal para "conseguir" la felicidad. Pero, como veremos en el último apartado de este artículo, las evidencias indican que la felicidad está mucho más relacionada con otras cosas que nada tienen que ver con las posesiones materiales y posiciones sociales en sí, sino qué hacemos con estos factores y cómo nos relacionamos con los demás.

Empatía, gratitud, optimismo, amabilidad, caridad

Sí, parece una lista de términos que se puede leer en cualquier libro de superación personal o de comerciales de refresco, sin embargo, no dejemos de lado lo que sí nos proporcionan estos sentimientos y actitudes, sobre todo si los volvemos un hábito de nuestra vida.

Es cierto, hay personas mucho más propensas a ser felices que otras. Se estima que el 40% de la capacidad para ser felices tiene que ver con nuestra herencia genética, el otro 40% tienen que ver los eventos en nuestra vida y, por último, el resto depende de nuestro papel social y espiritual, es decir: de nuestra fe; nuestra familia y amigos; de nuestro desempeño en comunidad, y, finalmente, de nuestra actividad o trabajo.

Como podemos analizar, si bien el 40% que corresponde a una disposición genética, el resto depende de nosotros mismos. Claro, muchas veces no tenemos control de lo que nos ocurre (esto por el otro 40% mencionado) pero lo que sí podemos controlar es cómo responder a esos eventos y por esto somos responsables de este porcentaje. Por otro lado, el otro 20% es esencial que lo desarrollemos porque no depende de nadie más que de nosotros mismos.

Hablar de fe no significa necesariamente algo religioso sino ese aspecto que nos hace conectar con nuestra espiritualidad, eso que nos hace sentirnos conectados con los demás y ser parte de algo maravilloso. El longevo estudio de 75 años enfocado a la felicidad realizado por la Universidad de Harvard ha concluido varias cosas interesantes al respecto: que la calidad de las relaciones personales son esenciales en el nivel de felicidad que experimentan las personas. Es por esto que dedicar tiempo de calidad a la familia y amigos siempre será una buena decisión.

En cuanto a nuestro trabajo, es decir, esa actividad a la que nos dedicamos y por la que obtenemos remuneración debería ser algo que nos haga sentir parte de algo importante. Es decir, es mucho más importante de lo que creemos (y nos proporciona mayor felicidad) sentir que nuestra labor tiene valor y que esto sea reconocido que la posición en el organigrama. Es por esto que cambiar de trabajo nos puede hacer mucho más felices y sanos.

Así pues, sea lo que sea lo que significa para cada quien la felicidad, podemos deducir que es nuestra responsabilidad y depende de nuestra capacidad de respuesta ante los eventos de la vida. Nada de esto tendría relevancia si no comprendemos la importancia de la gratitud; ser agradecidos, dice Matthieu Ricard (bautizado como "el hombre más feliz de la mundo") es la clave de la felicidad.


Vía Hipertextual.