Sigue Petra con calentura…
Por Abel Pacheco Don Antonio Pinto Soares nació en Oporto, Portugal, en 1870. Hombre inquieto y valeroso decidió conocer el mundo y navegó los mares, cuyos vaivenes lo trajeron a nuestras costas un venturoso día de 1910. Enamorado de nuestra patria decide quedarse con nosotros y, enamorado también de doña María del Rosario Castro Ramírez, se casa con ella a los tres años de haber llegado. La pareja concibe y cría quince hijos, con lo que don Antonio se gana (¡Muy bien ganado!), el apodo de Tata Pinto que lo acompañará el resto de su historia toda. Ha de haber sido hombre distraído, porque cuando yo era un güila, si andaba mal abotonado, con los botones metidos en ojales equivocados, mi abuelita y sus hermanas me decían: “anda tatapinto”, y yo obediente corregía el tatapíntico error. Mucho le debemos a este hombre. El ayudó a la tropa republicana, dirigiendo la artillería en la batalla de Ochomogo, y asesoró nuestras fuerzas armadas por largo tiempo. También fue él quien capitaneó la ...